miércoles, 20 de noviembre de 2013

Nuevas Rufles sabor Malú




Matutano, en su incansable e idiota carrera por sacar nuevos sabores, ha sorprendido a propios y extraños con su nuevo sabor: Malú. 

La cantante malagueña ha sido la elegida para una campaña comercial que sin duda beneficiará a ambos. "El hecho de compartir estanterías con snacks míticos como los pelotazos, Lays receta campesina o las nuevas de Angry Birds es todo un honor, aunque, pidiéndole perdón de antemano a Jose Luis (portavoz de Matutano) he de admitir que mi snack favorito de siempre ha sido los Risketos. Eso sí, en casa aún conservo mi colección de Chiquitazos. Es uno de mis tesoros. 

Mucho se ha especulado sobre la elección de Malú por encima de otras candidatas como Paulina Rubio o Pastora Soler. El portavoz de Matutano fue muy claro con esto. 

"No voy a negar que manejaramos otras opciones, pero Malú siempre fue nuestra primera elección. Hace unos meses, los lectores de la revista Canibal la eligieron por goleada en la encuesta de cantante pop española más comestible, seguida de Rosa, pero en la época de OT y la cantautora canaria Rosana. Es evidente que los lectores, con estas otras dos candidatas, apostaban más por la cantidad que por la calidad. 

Nosotros apostamos por Malú, pero también había que tener alguna bala en la recámara por si por algún casual, ella no aceptaba. Vuestras fuentes no se equivocan. Sondeamos las opciones de Paulina Rubio y Pastora Soler. 

En el caso de Pastora hubo un problema de target. Pastora levanta pasiones, sobre todo, entre la tercera edad, les vuelve locos, pero nosotros ya teníamos previsto un producto para este estrato de la sociedad. Así que aprovecho para avanzar el nombre de nuestras nuevas Lays: Consomé."

Jorge Valverde, de Elpais. ¿Ha influenciado el sabor de Pastora en estas Lays?

"La verdad es que sí, porque Pastora es muy salá y eso nos llevó a confeccionar un buen consomé con muestras celulares de su fémur"

¿Hablamos entonces de una nueva línea de sabores inspiradas en estrellas del pop español?

"Ese es un tema en el que no vamos a profundizar por ahora. Hoy es el día de Malú"

Íñigo Armenteros del ABC. ¿Podría explicar por qué no se decantaron finalmente por Paulina Rubio, abriendo mercado a latinoamérica? 

Sencillamente, no queríamos imprimir nuestras bolsas con la foto de un putón. ¿Más preguntas?

Sergio Mora para La Vanguardia. Matutano y Pepsi forman parte de la misma compañía. ¿Tiene alguna relación este anuncio con la nueva línea de refrescos Pepsi Iglesias, inspirados en la figura de Julio Iglesias? Según fuentes cercanas a la familia se habla de varios de snacks como los Enrichetos o los Julio José de queso. 

"Como he dicho antes, hoy no es el día idóneo para hablar de ello. Hoy es el día de Malú, así que hablemos de ella.

Roberto Álvarez de la Gaceta. ¿Qué sabor tiene Malú?

"Bueno, la tenemos aquí, así que lo mejor será que ella nos lo cuente."

"La gente de Matutano ha sido muy atenta. Han estado día y noche junto a mí. Han captado mi esencia como persona y como profesional y lo han plasmado de forma casi mágica en este snack, que con mi nombre, mi cara y todo mi cariño os llega a vuestras casas."

Gracias Malú, por ese testimonio, pero querríamos saber a qué sabe el snack en sí.

Mmmm... basura de tres días.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Tengo un amigo. Capítulo 2.

Hoy mi amigo Rest me ha escrito él directamente esto, cosa que agradezco:

"Hoy ha venido al restaurante la pareja más rara que he visto en mi vida. Estaba formada por un hombre que parecía ir a cámara lenta al más puro estilo de películas de acción orientales o Matrix. Para que os hagáis una idea es como darle al botón de avance lento en el DVD. 

La cosa es que estaban ellos dos solos en el restaurante. Podía verle moviéndose tan lentamente que empezaba a ponerme nervioso. Junto a él iba su novia, mujer o Dios sabe qué. Lo único que tenía claro es que ella, en eso de ser raro, le ganaba por goleada. Como ella se movía más rápido que él, es decir, como cualquier persona normal, se apalancó en la caja mucho antes. Ojala no hubiera pasado eso, ya que ella iba abrazada a una garrafa de agua cortada por la mitad y metida en una bolsa. Cada 3 segundos escupía dentro. Verla era desagradable, pero peor era escucharla. 

Amigo Daniel, imagínate ver al tipo ese recorriendo el restaurante durante 17 minutos de reloj reales, mientras su chica estaba escupiendo en una garrafa cada 3 segundos. Para pegarse un tiro. Para colmo, cuando el señor llegó a la caja, se le había olvidado el postre. Como no seguir con mi amargura, me ofrecí voluntario para traérselo. Cualquier cosa por no tener que escuchar un sólo escupitajo más. 

Cuando ya pensaba que me había librado de ellos para siempre, el tipo se quejaba del precio del vaso de refresco y quería anularlo, porque quería beber de la botella grande de agua que su chica llevaba en el bolso. Tenía que haberle invitado a beber de la garrafa que llevaba bajo el brazo, a ver qué me decía.

Finalmente acabé de tomarle nota con sus anulaciones pertinentes, no si antes dejarles un recadito. Adivina a quién "se le cayó por error" la tarjeta de crédito del señor dentro de la media garrafa de la chica. Pues eso, que me encanta mi trabajo."

martes, 29 de octubre de 2013

NUEVA SECCIÓN: Tengo un amigo. Capítulo 1.

Muy buenas de nuevo, mis gordicos. He estado ausente durante un tiempo. Ya sabéis, ¿no? Mucho trabajo atrasado, compromisos. Vamos, que me descargué el Plantas contra Zombies 2 en la tablet y no he hecho otra cosa más que jugar como un idiota. Pero bueno, peores son los que juegan al Pet Rescue Saga. Yo no tengo que ir mendigando vidas por las redes sociales ni posteando cada nivel que he superado. Además, alguien les tiene que decir que es igual que el Candy Crush, pero con perros por ahí en medio. Se han calentado la cabeza los creadores una barbaridad.

Bueno, a lo que iba. Retomo mi actividad por aquí con una nueva sección. En ella iré contando cosas que le pasan a un amigo mío que tengo. Trabaja en el restaurante de una tienda de muebles y a veces me cuenta sus historias. Algunas de ellas muy dignas de registrarse para la posteridad, y eso quiero hacer.

Vamos a llamar a mi amigo Rest. Porque trabaja en un restaurante y porque si lo lees muy rápido parece que está diciendo Rex, como el perro policía de esa serie coproducción austriaco alemana y demás países que deberían dedicarse solo a producir porno y menos series policíacas de mierda y películas para la sobremesa de Antena 3.

Bueno, resulta de Rest estaba el otro día atendiendo en caja a los clientes. Era el turno de dos mujeres de mediana edad. Rest, al ver lo que llevaban en sus bandejas les preguntó si su intención era hacer un menú de los que aparecían anunciados en los carteles. Afirmativo. Entonces Rest le indicó a una de ellas que si quería hacer menú tenía que cambiar el gran plato de ensalada que llevaba por un pequeño bol. La mujer le miró indignada y dijo que eso no podía ser. Rest le señaló el cartel para que ella viera que estaba equivocada. Tras esa breve aclaración, la mujer se dirigió al buffet de ensaladas y cogió un plato. Luego volvió a caja y comenzó el show. Esa mujer empezó a coger con las manos toda la ensalada que llenaba el plato y la empezó a meter a presión en el bol. Sus manos estaban chorreando líquido de los champiñones y de remolacha. Cogía ensalada y la empujaba en ese pequeño bol. Todo ello sin dejar de mirar fíjamente a los ojos con tono desafiante al pobre Rest. La amiga le reía la gracia. Eran dos buenas gamberras, si señor.

Rest, que ese día no estaba para que le tocaran los cojones. Bueno, rectifico, a Rest, así de primeras, no le apetece que se los toquen nunca. Rest mantuvo la mirada de esa mujer y le dijo: ¿Eso lo hace en casa? ¿Lo hace delante de sus hijos, ehh, tiene usted hijos?

La mujer frenó en seco su manualidad vegetal y respondió con un apagado "no" mientras agachaba la cabeza y se dirigía de nuevo al buffet de ensaladas. Rest le dijo desde la caja "¡No me extraña que no los tenga, con ese comportamiento..."

La amiga se acercó de forma cauta a Rest y le dijo que ella no podía tener hijos. Rest se sintió fatal en ese momento. La había cagado completamente. Miró hacia el buffet para ver si la mujer se encontraba bien tras el encontronazo. Se la encontró golpeando el bol contra la mesa y explicando en voz alta que le estaban humillando esa mañana allí. Rest se sentía fatal por todo lo ocurrido y tuvo una gran idea para enmendar su error. Rápidamente se puso a ello.

Ni corto ni perezoso, Rest agarró el teléfono a su disposición en la zona de cajas y llamó a seguridad. Le dijo que habían dos mujeres provocando un altercado y que se las tenían que llevar cuanto antes. Cuando seguridad apareció, la mujer se puso más nerviosa todavía. Rest hizo un gesto con la cabeza para indicar que era ella. La amiga entonces miró a los ojos a Rest y él pudo leer un claro "Eres un hijodeputa" en sus labios. Rest, que estaba en racha, indicó a seguridad que esta era la segunda mujer problemática de la que había hablado por teléfono. 

El silencio se hizo y entonces fue cuando Rest supo de verdad que había hecho lo correcto.  Pero eso no fue todo, ya que miró su reloj y vió que le quedaban solo 5 minutos para terminar su turno. En el restaurante hay una política por la que prefieren dar la comida que sobra a sus trabajadores antes que tirarla. Así que Rest pudo disfrutar de un sabroso menú por la patilla. 

La mujer y su amiga pasaron una noche en el calabozo y pusieron una denuncia a los de seguridad por propinarles una paliza. En el acta, los guardas dijeron que cuando las trasladaban al calabozo pasaron por una zona con muchos baches, así que el juez lo dejó pasar. Meses después, la mujer y el guarda que le propinó la presunta paliza comenzaron una relación. Ella espera mellizos. Solo que no se acuerda que no puede tener hijos.






martes, 17 de septiembre de 2013

La crujiente segunda parte del poema de un obsesivo compulsivo por los Risketos.

Pasaron meses. Meses en blanco.
En blanco.
Como el envoltorio de mis añorados Risketos.
Un envoltorio blanco y vacío.
Una calle recta sin semáforos en ambar.
 

Decían que estaba loco.
Al menos en eso insistía mi abogado.
Abogado de oficio ¡qué tontería!
¿Acaso hay algún abogado que no considere lo suyo un oficio?
¿Tan baja autoestima tienen el resto de abogados?
La cosa es que fingí ser el más cuerdo de aquel juzgado.
Todo porque me dijeron que podía ir a un sitio en el que estaría vestido de naranja.
Así fue.
Por fin acabaron los trámites.


Todos de naranja. Estaba donde quería estar.
Era como un musical, solo que todos eran violentos y querían darme por culo.
Claro, yo era la novedad. 
Como los risketos con ketchup. ¡Menuda puta mierda!

Me dejaron hacer una llamada.
No tenía a nadie. Solo le tenía a ella.
De hecho, el haberla matado me trajo hasta aquí.
Creo que fue la elección correcta.
He ido a mejor.
 

Llamé al Telepizza.
Pedí una carbonara y unos Risketos.
Me dijeron que no había Risketos en la carta.
Me ofrecieron alitas, pan de ajo, patatas de gajo. Todo mierda.
Les pedí que me pusieran con el repartidor.
Les pareció raro pero lo hicieron.
 

Le hice mi petición.
Me preguntó que quién coño era.
Le expliqué por encima mi vida.
Me conocía. Se enteró de mi juicio por Espejo Público.
Accedió a pasar por un "paki" de camino a la cárcel.
No me lo podía creer. Risketos otra vez.
 

El pizzero llegó. Tuvimos un bis a bis.
Primero me dio la pizza. La registraron muy bien.
"Está limpia", dijo el guarda. "Está fría", dije yo.
El pizzero jugó conmigo. Sacudía los risketos por debajo de la mesa.
Me dijo que le pagara el doble.
Le dije que no tenía más de lo que le había dado ya.
Tan solo jugaba conmigo.
Cuando le dijeron que la visita se había acabado se iba sin dármelos.
Le lloré, le grité, le supliqué.
Los sacó de la mochila y me los tiró a la cara.
Los agarré al vuelo.
 

Ahí estaba yo. Llorando a moco tendido.
Abrazado a dos bolsas pequeñas de Risketos.
Cuando el momento emotivo se pasó, alcé la vista.
Algo no iba bien. Lo sentía dentro de mí.
Eran Risketos de chocolate.
Hijo de puta.
Sabía dónde trabajaba. Cómo se llamaba.
Tarde o temprano saldré de aquí.
 

 Compartía celda con Ricardo.
Tenía acento ruso, pero era de Murcia.
Concretamente de Los infiernos.
Le pregunté cómo era el gentilicio de su pueblo.
Me dijo que los infernales.
Le dije que lo dudaba mucho.
Me respondió que le importa una mierda saber cosas como esas.
Dijo que lo único importante que había aprendido en su vida era como matar a un hombre con sus propias manos.
Su respuesta me intimidó.
Más tarde me enteré de que estaba en la cárcel por masturbarse en misa.
Era el cura.
Me pregunto qué puede llevar a un hombre de tener fe, a masturbarse en público y a hablar con acento ruso aún siendo de Murcia. 
 

Hice un amigo. Jose. Era muy gordo y robaba queso en polvo de la cocina.
A veces me daba un poco de queso.
Yo lo usaba para espolvorearlo sobre mis Risketos de chocolate.
Primero los cepillaba con fuerza bajo el grifo para quitarles el chocolate.
Los dejaba secar al sol para que volvieran a estar crujientes.
Utilizaba la sangre de mis encías para colorearlos de algo parecido a naranja.
 

El más duro de allí es Guzmán. Es chileno.
El primer día me dijo que yo no le engañaba.
Que era un puto loco.
Que nos huele a la gente como yo.
Le dije al oído que estaba tan loco que parezco el más cuerdo de allí.
Me preguntó cómo de loco estaba.
Le dije que era capaz de comerme mi mono naranja si lo frieran con queso y lo cortaran en pequeñas porciones.
Me abrazó.
Noté su erección.
 

Jose me dijo que tenía miedo, que Guzmán quería quitárselo de enmedio.
Le pregunté que por qué.
Me dijo que porque sí, que su vida era una mierda.
Le dije "esto sí es una mierda" mientras le enseñaba mis manos.
Estaban completamente limpias. Nada de polvillo naranja, y así ya iban 6 meses.
Jose no me escuchaba.
Le interesaba más hablar de que le querían matar.
Puto gordo egocéntrico.
Tuve una idea.
Le dije a Jose que recopilara todo el queso que había robado y se lo echara por el cuerpo.
Me hizo caso.
Gordo egocéntrico y tonto.
 

Corrí hacia Guzmán. Bueno, no corrí.
Los presos son como los perros
Si te ven correr te persiguen.
Le dije que quería a Jose esa misma tarde en la freidora del comedor.
Era industrial.
Se podía freir una vaca entera dentro de ella.
Dicho y hecho.
 

No quise ver morir a Jose.
Guzmán y los suyos lo frieron y cortaron en trocitos.
Estaba tan frito que el mono naranja parecía su piel.
El toque del queso era bestial.
Pero no eran risketos, no soltaba polvillo.
Estaba bien, pero era otra cosa.
Me gané el respeto de Guzmán.
 

Luis, un empresario amigo de este, me dijo que me podía conseguir Risketos en cantidades industriales.
Tan solo tenía que dejarme llevar.
Se refería a dejarme dar por culo. 
En la cárcel pueden ser muy sutiles cuando quieren.
 

Ahora cuento con la protección de Guzmán y una pensión vitalicia de Risketos.
¿Tienes Risketos?
Soy tu putita.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Grandes poetas universales : Hoy Sara, Marina y Melody.

Ellas son Sara, Marina y Melody, y  juntas comparten una triste y dura historia que por fortuna aún no tiene final, pero definitivamente consiguió un presente muy feliz.

Ellas vivían en uno de los barrios más pobres de su Córdoba natal, y provenían de familias en extremo humildes. Tan así que las muchachas se la pasaban en la calle casi todo el día, tratando de ayudar a sus padres a conseguir dinero para poder comer.

Su vida y su infancia no fueron para nada sencillas, puesto que debieron trabajar y dejar de lado su niñez para pasar a ser pequeñas adultas en un mundo crudo y cruel.

Quiso la suerte que por su barrio llegara la Asociación de Educadores “Encuentros en la Calle”, una agrupación que se dedica a ayudar a aquellos que necesitan los bienes más imprescindibles.

Este grupo formó un pequeño círculo de artistas al que llamaron “Al Compás de los Sueños”. Con este taller de poesía intentaban fomentar algo de cultura y desarrollar a los pequeños talentos que los niños del lugar llevaban dentro.

Allí fue que se conocieron y dieron de qué hablar desde el mismo momento en que comenzaron a recitar. Un ávido organizador vio potencial en las chicas y trató de contactarlas con un editor para que las ayudara a lanzar un libro.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Crónica de una entrevista de trabajo. Parte 1: Mañana vente con traje.

No recuerdo cómo empezó el día. El fuerte olor a ambientador que sueltan en la recepción anuló todos mis sentidos. Es como si quisieran descontaminar a todos los que vinieran de fuera a través de un aroma concentrado de pino. Como si quisieran llevarte a un pinar alejado de todo y acabar allí con tu sufrimiento.

Fue la música de George Michael, a través del hilo musical del ascensor, la que me sacó del trance. Posiblemente tenían pinchado Kiss FM, cadena de radio que siempre recordaré por sonar durante mi operación de fimosis. Aquella que me apartó de los terrenos de juego para siempre. De no haberme operado podría ocupar la banda izquierda del Real Madrid. Tú mismo, que estás leyendo esto, podrías hacerlo mejor que Coentrao. Y si no fumas, mejor que mejor.

Me llevaron a una habitación casi vacía. Tan solo había allí una silla de plástico y una mesa de contrachapado de tamaño medio. Estuve allí solo como unos veinte minutos. Supuse que me estaban mirando por alguna cámara de seguridad como prueba de conducta, así que descarté por completo mi gran afición de hurgarme la nariz y hacer pelotillas con los mocos. Probad a hacerlo vosotros. Por pequeña que sea la pelotilla resultante, si lanzas al suelo siempre suena. Los mocos tienen una sonoridad impresionante.

Aguanté el picor de nariz lo mejor que pude hasta que llegó una chica muy bien vestida y que estaba, por qué no decirlo, buena como ella sola. Llevaba un vestido azul eléctrico y cargaba con un recipiente. Entró sin decir nada y colocó el cacharro sobre la mesa.

- Muy buenos días, Daniel. ¿Qué tal estas? ¿Bien?

- Sí, aquí, esperando.

- ¿Tienes frío? Podemos bajar el aire acondicionado si quieres.

- Ahh, no, no. Estoy bien así. No te preocupes, gracias

- Vale.  A ver, Daniel. Voy a dejar esto aquí y volveré en 15 minutos ¿De acuerdo?

La chica levantó el trapo que cubría el recipiente. Un pastel recién hecho es lo que puso sobre la mesa. En ese momento pensaba que se estaban cachondeando de mí. Me estaba imaginando a los directivos de la empresa apostando dinero para predecir qué reacción iba a tener y el tiempo que iba a tardar en irme de allí.
La cosa es que la chica se fue y yo allí seguía, sin poder hurgarme la nariz, y encima con un pastel recién hecho que apetecía devorar, y más a las 10 de la mañana, habiéndome llevado solo un triste café al estómago. Me levanté de la silla y observé el pastel desde cerca. Tan solo con olerlo podía saber su sabor. ¡Qué cosa más rica, por Dios!

Estaba continuamente atento al móvil, para que cuando se cumplieran esos 15 minutos no apareciera la chica de nuevo viéndome babear sobre el pastel. Estoy seguro que más adelante, con la entrevista empezada, me iban a dar un trozo. De no hacerlo serían unos auténticos cabrones.
Cuando no habían pasado ni siete minutos empecé a oir golpes y gritos de mujer tras la puerta. Lejos de asomarme a ver qué es lo que pasaba (sinceramente, me daba igual si se morían todos. Yo solo quería probar ese pastel) fui a sentarme en la silla para hacerme el sorprendido.
No me dio tiempo. Cuando abrieron la puerta, yo estaba a medio camino entre la silla y la mesa. Terminé apoyándome de forma casual en esta última. Primero me apoyé, pero luego me agarré para no caer. Dentro de las gilipolladas que me había tocado ver esa mañana, esa era la más bestia.
Por la puerta entró un hombre con un pasamontañas poniéndole un cuchillo en el cuello a la chica del vestido azul eléctrico. Me quedé con el culo torcido desde el minuto 1.

- Mira, tranquilo. Yo había venido a una entrevista de trabajo, pero me voy ya ¿vale? Os tranquilizáis y habláis de vuestras cosas. Mira, ahí hay un pastel. Si quieres os traigo unos cafés, sueltas el cuchillo y ya con calma solucionáis lo que haya que solucionar, que parece serio, ¿eh?

- ¡Cállate hostias!

Entones fue la chica la que se dirigió a mí mirando insistentemente en el pastel. Sabía yo que iba a traer cola el dichoso dulcecico.
- Daniel, por favor. Haz lo que te pida. Haz lo que te pida.
Me señalaba sin parar el pastel. Yo, que no domino mucho el mundo de las sutilezas, pero que hasta ahí llego, cogí el pastel y me acerqué hasta ellos. El encapuchado estaba muy muy nervioso. 

- Quieres el pastel ¿no? No pasa nada. Yo te lo doy si no le haces nada a ella, y lo más importante de todo. No me haces nada a mí.

El encapuchado no sé si estaba llorando o riendo tras ver lo cobarde que podía llegar a ser.

- ¿Pero qué cojones me estás contando? ¿Para qué quiero yo el pastel?

En ese punto yo ya no sabía qué hacer. Miraba a la chica buscando alguna pista más. Ella me insistía en el pastel, y aquel tipo, obviamente, no lo quería. Ella seguía en sus trece. Insistía con la cabeza. Esta vez como que mirara dentro del pastel. Era lo único que podía hacer, pero estaba abrasándome. Para meter la mano ahí había que estar un poco desequilibrado. Espero que si los directivos estaban viéndome por la cámara, se atragantaran con sus desayunos.

- Sabes perfectamente lo que quiero, así que déjate de tonterías y pasteles o la abro en canal aquí mismo.

- Oye, si tienes ganas de abrir en canal a alguien no me eches a mí la culpa, que aquí solo hay una silla, una mesa y un pastel, y este último ya me has dicho que no lo quieres.

Mientras que le respondía agobiado al encapuchado, la chica insistía en que mirara dentro del pastel. ¡Joder con la pesada! cómo se nota que no tenía que meter ella la mano ahí. Viendo que me faltaba un empujón para hacerlo, gritó sin cortarse un pelo.

- ¡Hazlo ya, joder!

El encapuchado le soltó una hostia en toda la cara que me sentó como si me la llevara yo mismo. Me dio pena la chavala y decidí hacerle caso. Allí que metí la mano y me cagué en su puta madre y en la tía que le cosió el vestido de comunión. La mano me ardía, pero asombrosamente había algo dentro del pastel. Me tiré al suelo a la vez que tiré el pastel contra la pared, no por teatrero, sino porque me estaba quemando la mano. me hice un ovillo bajo la mesa y mientras gritaba de dolor intentaba palpar mejor lo que tenía en la mano. Era una pistola envuelta en plástico. Eso sí que era un roscón de Reyes y lo demás son tonterías.

El encapuchado, asustado por verme llorando en el suelo como una nenaza, empezó a darme a patadas y a obligarme a ponerme en pie. La chica estaba muy pesada con que hiciera lo que tenía que hacer. Pronto (a la quinta vez que lo dijo) cai en la cuenta de que lo que tenía que hacer es usar esa pistola con él. Pero ¿y lo que él ha venido a buscar? ¿Quiere la pistola o quiere jarana de la buena y un balazo en la cara? ¿Dónde quedaron las entrevistas de trabajo en las que te preguntaban si sabías inglés y tú mentías diciendo "of course"?
La chica seguía erre que erre con que lo hiciera y él la volvió a golpear. Ahora ella no era tan guapa. Me dio el tiempo justo para sacar la pistola del plástico y escondérmela en la espalda a la vez que me ponía de pie. Empezó a pincharle el cuello con el cuchillo y ella gritaba como si la fueran a matar. En realidad creo que la iba a matar. Me acerqué a él haciendome el negociador guay. Hice mi propia versión del negociador, entre Eddie Murphy y Samuel L. Jackson. Y claro, eran dos actores de color. Me acerqué a él con esos andares con los que parece que te pesa un huevo más que el otro y se puso nervioso.

- Venga vale. Suéltala. Te daré lo que has venido a buscar.

- Dámelo y la suelto.
El cabrón estaba como un flan. Me lo estaba camelando. Estaba dispuesto a dispararle. Lo tenía clarísimo. Ella lo intuyó en mi mirada, porque se echó a un lado. Yo me sobré antes de dispararle entre ceja y ceja soltando una de esas frases lapidarias de película mala.

- No te voy a dar lo que buscas, te doy lo que te mereces.

Y como si de un personaje de videojuego se tratara, disparé con una precisión acojonante. Yo, que no había colado una bola de papel en una papelera desde el 2001. El encapuchado se desplomó en el suelo y yo sentí el alivio del que mea en el mar.

Sin darme tiempo a asimilar lo que acababa de pasar, dos hombres entraron a la habitación para llevarse el cuerpo. Uno de ellos me pidió el arma. No tuvo más que quitármela de la mano, porque estaba aún en shock. Me acerqué a la chica, que aú estaba tirada en el suelo.

- ¿Estás bien? Te sangra un poco el cuello. 

- Ahh, no no. Tú tranquilo, gracias. Son cosas que pasan. Quedará reflejado también aquí.
Cuando decía "aquí" estaba señalando una carpeta que le había dado uno de los hombres, junto con un pañuelo para que se limpiara la sangre. 

- Siéntate, por favor. Vamos a continuar con la entrevista si te parece.

Yo solo quería llorar e irme a casa a dormir la siesta del borrego, pero ya que estaba allí, y había sobrevivido a la primera parte de la "entrevista de trabajo", me senté.

La chica volvió a entrar en la habitación. Esta vez arrastraba una silla de plástico similar a la que estaba ocupando yo y otro pastel también humeante.

- Ahh, no no.

- ¿Cómo dices?

- Que dejes ese pastel fuera, por favor.

Empezó a reirse y lo destapó.

- Daniel, tranquilo. Este pastel es para tomarlo mientras continuamos con la entrevista. ¿Quieres un café?

- No gracias. Bueno, un vaso de leche sí que querría, gracias.

Se acercó a la puerta y pidió un café cortado y un vaso de leche.

- Bueno Daniel, me puedes llamar Silvia. Enhorabuena, has pasado a la segunda parte de la entrevista.

- Gracias Silvia.

- Si te parece, vamos a repasar un poco lo ocurrido, ¿vale?

- Em... sí, estaría bien.

- Has tardado un poco en reaccionar, ¿no? ¿Puede ser debido a la falta de iniciativa quizás? 

Empezó a apuntar cosas en su libreta. Ya me estaba poniendo nervioso. Más que el encapuchado.

- Bueno, no sé. Nunca me había visto en una situación como esta.

- Ya, pero te ha faltado cierta capacidad de reacción. 

Se señaló la herida del cuello y siguió apuntando cosas en la carpeta. Intenté ver qué ponía, pero era imposible. Tampoco quería yo que me pillara echándole el ojo. 

- Lo siento. Me ha costado un poco de tiempo asimilar lo que ha pasado.

- Ya, pero en tu primer día de trabajo ya tienes que estar familiarizado con estas cosas.

- ¿Como reponedor de Caprabo? ¿Pasa mucho?

- Esa es información que no se nos está permitido dar.

- Bueno, yo lo siento mucho, de verdad. De aquí en adelante intentaré estar más alerta.

- No te preocupes. Es cierto que lo has suplido con un buen manejo de las armas de fuego (sigue apuntando cosas). En tu currículum no pone nada de experiencia previa con este tipo de armas. ¿Has tenido entrenamiento militar alguna vez? No se te ha encasquillado, has quitado bien el seguro... Eso ha estado muy bien. ¿Y la frase que has dicho? ¿No te voy a dar lo que buscas sino lo que te mereces? Sublime.

- Sí, bueno. Me he dejado llevar por el momento. En cuanto a lo de las armas... entrenamiento no, tan solo de ver películas o de videojuegos. No sé, un poco de eso. La verdad es que he disparado sin apuntar casi. Se puede decir que he disparado con el corazón.

- Bueno, pues para la próxima ya sabes que es algo a reforzar, porque no es ninguna tontería.

- ¿Próxima?

- Bueno, es un decir, ¿no? La próxima vez en tu vida. Lo mismo no vuelve a pasar jaja. Al menos en este proceso de selección no.

A mí esta tía me ponía muy nervioso y su sonrisa tonta en este tramo de la entrevista me supo a puro neumático quemado. Bueno, hay muchas cosas que me saben a neumático quemado últimamente. Se lo dije a mi médico de cabecera y ahora tengo cita con el neurólogo, pero esa es otra historia.

- Ahh, me quedo mucho más tranquilo jajaj. ¿Y el pastel? ¿Podemos picar algo mientras llega el vaso de leche y el café?

Silvia se puso seria en ese momento. Se puso muy seria. La pregunta del pastel le entró por un oído y le salió por el otro.
- Bueno, Daniel Cano Alarcón. ¿Sabes que el 79% de los hombres llamados Daniel en España están en el paro? ¿Cómo lo ves? ¿A qué crees que se puede deber?
- No sé. Supongo que es cuestión de azar, ¿no?
Otra vez apuntando en la carpeta. Desee arrancársela de las manos y golpearle en la cara con ella.
- Ajam, así  que tú crees que es puro azar. No crees que tú tengas nada que ver en esa estadística. Por otro lado los Gonzalos tienen un solo 5% de paro. ¿No te parece como mínimo curioso?

- No, para nada. Hay miles de Danieles en España. Cada uno ha estudiado o trabajado en una cosa diferente. No creo que tengamos nada que ver los unos y los otros. Daniel es solo un nombre, igual que Gonzalo.

-  Vale, vale. ¿Esa es tu respuesta final? ¿Crees que puedes eximirte de esa estadística? ¿Que tú no tienes culpa alguna de eso? Si es así damos por cerrado el tema y pasamos a otra cosa. 

Se estaba poniendo muy tensa. Más nerviosa de lo que estaba yo, que ya es decir. Pude ver como clavó su mirada un milisegundo en el pastel. Empecé a observarla con mucho más detenimiento. No perdí detalle de sus manos.

- Sí, bueno. Pensar otra cosa sería una locura. No puedo torturarme y pensar que tengo culpa de algo que...

Las manos le temblaban. No estaba prestando atención a lo que le decía. La puse a prueba.

- Eres una hija de puta de tomo y lomo.

Impasible. Me miraba sonriente y las manos le seguían temblando. De golpe se avalanzó sobre el pastel y metió la mano. Gracias a Dios que la calé con previsión. Le agarré una mano, pero no llegué a agarrar la que estaba dentro del pastel. Sacó un cuchillazo del pastel e intentó clavarmelo en el pecho. La esquivé con más suerte que otra cosa. Entonces si pude agarrarle el brazo del cuchillo, pero me mordió. Le solté un cabezazo. No me dolió nada. Supongo que por la adrelanila del momento.

El cuchillo cayó al suelo. Silvia se lanzó sobre mí, pero la esquivé al agacharme a por él. Fue entonces cuando se lo clavé en el pecho acercando mucho mi cara a la suya. Le susurré otra de esas frases para recordar.

- Apunta esto ahora, cabrona.Venga, te dejo que lo apuntes. Corre.

Silvia se dejó caer al suelo con cuidado. Sacó una tarjeta de su bolsillo y me la dio. 

- Mañana a las 9 de la mañana en esta dirección. Lleva traje y corbata, por favor.

Cuando estaba saliendo de la habitación me llamó.

- Daniel, eres muy bueno con las frases. Aprovéchalo.

Cerró los ojos, y creo que en ese instante murió. No me importaba mucho, la verdad. El cabezado no me dolió, pero sí el mordisco que me dio en brazo.

Efectivamente, en el ascensor estaban con Kiss FM, porque cuando bajaba estaba sonando Kenny G. Otra vaca sagrada de la emisora.

El ascensor se abrió y volvió a mí ese pestazo a pino que echaba para atrás, pero ya estaba como inmunizado. Pude ver a 6 chicos sentados en la recepción esperando a ser avisados. 3 de ellos llevaban pasamontañas en las manos. Menuda entrevista de trabajo les esperaba. Angelicos.

Salí a la calle y respiré hondo. Esa mañana no iba a echar más currículums. Creo que me merecía un descanso. Metí la mano en el bolsillo y saqué un gran trozo de pastel. Tan solo tenía que pedir un café para llevar. Fácil.

















Bukake patrocinado por KH7

Si en este anuncio Bigas Luna compara el KH7 con la eyaculación masculina, yo me acabo de marcar un Bukake con los pantalones del trabajo.





viernes, 6 de septiembre de 2013

Grandes poetas universales: Hoy Elmer Figueroa Arce

Bueno amigos, algunos de vosotros ha podido disfrutar de esta interpretación en directo. Sois unos pocos afortunados.

Hoy posteo este homenaje a uno de mis poetas favoritos, Elmer Figueroa Arce, interpretado por mí.

Espero que os guste.
Estoy seguro de que sí.


jueves, 29 de agosto de 2013

El crujiente poema de un obsesivo compulsivo por los Risketos que está dándo la vuelta ciclista a España.



La primera vez que la vi

estaba completamente naranja,

eso puede ser porque justo antes de cruzarme con ella me picaba el ojo

y como estaba comiendo Risketos, al rascarme debió meterse el colorante bajo los párpados

me arañaba las córneas con esos grumos naranjas

¡Joder, ojala pudiera lamerme mis ojos!

en aquel momento estarían riquísimos, ¡puta mierda de suerte que tengo!

Ahora en la cama estoy pensando.

No parece que tenga la bolsa de Risketos de debajo de la almohada.

¿Se habrán agotado?

¿Estará algo abierto a estas horas para comprar?

¿Tendré suficiente para mañana con la caja de 20 bolsas que hay debajo del fregadero?

 Bueno, volviendo al tema de ella.

Cuando la vi pensé que estaba buenísima, toda cubierta de ese naranja.

Vi una pestaña en su mejilla y se la quité.

Tenía los dedos cubiertos del polvillo de los Risketos, así que le dejé un manchurrón en la cara. 

Ella puso casa de asco.

Yo le lamí la cara.

Sonrió. Decía que parecía un perrico. Dios, qué imbécil era.

La invité a salir, pero hacía tanto ruido con mi bolsa de Risketos que ella pensaba que se los estaba ofreciendo, así que dijo que sí.

Yo, por supuesto, no le di ni uno. 

Ella me puso cara rara.

Al día siquiente estaba en su puerta.

Ella no me esperaba. 

Le dije que habíamos quedado.

Me dijo que no. 

Iba con otro tipo.

Le vi un manchurrón naranja en la mejilla de nuevo.

Le di un lametón. Sabía que eso se iba a gustar.

Casi vomito, no eran Risketos, era un pegote de maquillaje.

Ella me empujó. 

Yo le empujé a él.

El me empujó a mí.

Caí al suelo, pero las bolsas de Risketos que tenía en los bolsillos de atrás amortiguaron la caída.

Él se rió de mí. Dijo que por el sonido que hice al caer, parecía que llevaba pañales.

Ambos se fueron riendo.

Era el momento de actuar.

Compré dos bolsas grandes de Risketos. 

Me las zampé. Nunca unos risketos me supieron tan bien.

Sabía dónde estaban. En el cine. Les escuché hablar de ello cuando les seguía.

Compré una entrada, el portero me dijo que estaba deteriorada.

Me dijo que estaba sucia, manchada de naranja. No me pensaba dejar entrar.

Me puse muy nervioso. El sudor de mis manos hacía gotear el naranja.

El taquillero le hizo un gesto como de que estaba loco y me dejó pasar.

La gente hacía mucho ruido en la sala. Me entró el pánico. 

Cientos de personas masticando snacks y ninguno era Risketos.

Pajitas, Chetos pandilla, Boca Bits, Triskis, las clásicas palomitas...

Me acerqué al hombre que estaba sentado tras ella y su nuevo amigo.

Le pregunté que por qué comía Lays Receta campesina y no Risketos.

Me dijo que "esa mierda manchaba los dedos".

"¿Así?" Le acerqué la mano a la cara.

Me dijo que sí impasible. No parecía tenerme miedo. Los tenía bien puestos.

Le pedí amablemente que me cediera el asiento.

Se negó rotundamente mientras me miraba a los ojos.

Sin despegar la mirada me humedecí todos los dedos y le acerqué la mano a la cara.

La tensión se podía cortar con un cuchillo.

Al final terminó cediendo. 

Me ofreció Lays receta campesina y le mandé a tomar viento.

Me coloqué solo detrás de ellos. 

Estaba praparado.

Saqué las bolsas y las puse sobre sus cabezas.

En la película estalló una bomba. Me vino que ni pintado. De naranja.

Apreté ambas bolsas con todas mis fuerzas. 

Dejaron de respirar enseguida. Creía que iba a ser más difícil, la verdad.

Retiré las bolsas y ahí estaban. 

Los dos perfectos, preciosos, inmaculados. Con la mirada fija en la pantalla.

Sus rostros naranjas me abrieron el apetito. 

Estuve lamiendo sus caras durante horas, hasta que vino la policía.

Ellos no me llamaban perrico, no. Ellos sabían cómo llamarme.

Puto loco.



miércoles, 28 de agosto de 2013

Yo también tengo algo para vosotros.


Hoy he recibido una llamada de un número desconocido. No era oculto, solo desconocido, así que descolgué sin pensarlo. Preguntaron por mí nombre y asentí. Me dijo que llamaba porque estaba en su lista para realizar el servicio militar obligatorio, vamos, "la mili".

Yo me quedé un momento reflexionando en silencio. Le pregunté si era una broma. 

- A ver, usted es Daniel Cano Alarcón, con DNI tal cual...

- Sí, soy yo, pero debe de ser un error. El servicio militar obligatorio se eliminó hace ya muchos años. ¿De dónde me llama? 

Titubeó, pero dijo que llamaba de un cuartel situado en Almería. Conocía de la existencia de ese cuartel, pero seguí insitiendo en que eso debía ser un error.

- No me creo nada. A ver, ¿de dónde me llama?

- Insisto señor, le llamo desde Almería.

- Venga ¿y en qué año estamos?

- En 1982, señor.

Me cambió la cara, pero impuse la lógica. No quedaba otra.

- Entonces está usted llamando a una persona que no nacerá haste dentro de 6 años y le llama a un aparato que no se inventará hasta dentro de 10 años como mínimo. No manejo la fecha exacta de la invención del móvil.

- ¿Móvil? ¿De qué me habla, señor?

- Mira, que no me trago lo de señor, ni lo de la mili, ni el 1982. Además, tienes acento sudamericano. En 1982 no había un sudamericano en el ejército ni de coña.

- Lo que está diciendo usted es racista y grosero para conmigo...

- Escúchame, o me dices para qué me estás llamando o cuelgo, que quería dormir la siesta. Y bastante tengo con los de Jazztel.

 - Sí.

- ¿Sí qué?

- Que le llamo de Jazztel.

- ¿ Que me llamas de Jazztel? ¿Y me vienes con esa gilipollez de la mili?

- Era por darle un escarmiento.

- ¿Escarmiento de qué?

- Usted posteó hace unos días en internet que su conexión con nosotros no iba bien. Nuestros compañeros anotaron esa queja y no se vió ninguna llamada por su parte para reclamar. Usted nos criticó directamente en la red sin tratar el problema con nuestros operadores. Cosas como esa tienen un impacto económico brutal en nuestra empresa. Se genera una corriente negativa de opinión.

- Escúchame, me importa más bien poco qué le pase a tu empresa. Si no dais buen servicio es problema vuestro, no mío. Por cierto, ¿te pagan por esto? ¿Por gastar bromas telefónicas a los clientes? ¿Sabe tu jefe lo que estás haciendo ahora mismo?

El operador se quedó súbitamente callado. No sabía cómo salir de ahí.

-  Escucha, no te molestes en contestar, tengo prisa. QUE TE DEN POR EL CULO.

Justo cuando iba a colgar oí cómo gritaba que tenía algo para mí. 

- A ver, venga. Dime lo que tengas para mí y cuelgo.

- No es algo que le pueda decir, es que tenemos a su madre aquí. O borra ese comentario o pasaremos a mayores. 

Hice una breve pausa. Este chaval me estaba tocando los mismísimos y pasaba de perder más tiempo. De veras que quería echar esa siesta. 

- Mira, yo también tengo algo para ti.

Erupté y colgué.


Me metí en la cama y empecé a acurrucarme para coger el sueño. Pasaron lo que supongo que serían unos 10 minutos y no conseguí coger el sueño. ¿Y si esos putos locos de Jazztel habían amordazado a mi madre? ¡Qué gilipollez! Voy a llamarla y punto.

Como era normal, me comunicaba. Mi abuela y yo siempre nos ponemos de acuerdo para llamarle siempre a la vez. Bueno, mi abuela siempre es más rápida que yo. Eso me tranquilizó. Si alguien rapta a mi madre apagaría el móvil, no estaría hablando con nadie a través de él. Según las películas, un teléfono se puede localizar mientras está al habla, así que no tenía sentido que la tuvieran amordazada. Me sentí estúpido solamente de haberlo dudado.

Con la conciencia mucho más tranquila por haber llamado a mi madre y no haber pasado olímpicamente del tema, me volví a la cama. Y justo cuando el sueño entró a mi habitación sin avisar y empezaba a abrazarme sonó el teléfono. Era mi madre.


- Dime.

- ¿Dime? Imbécil, que eres un imbécil.

- Pero mamá, ¿Qué te pasa?

- ¿Me llamas, me mandas a tomar por culo, cuelgas y ahora me dices que qué pasa? 

No sé cómo, pero si alguien sabe son ellos, los de Jazztel han llamado a mi madre con mi número y han reproducido mi frase sacada de la típica "grabación para asegurar la calidad de nuestros asistentes". 

Bastente tuve yo con eso. ¿Cómo le explicas lo que os he explicado a vosotros en un párrafo a una madre? Todo esto le sonaba a ciencia ficción y pensaba que me estaba haciendo el remolón. En resumen, me pasé toda la tarde intentando disculparme ante mi madre por algo que no hice. Luego se puso mi padre y bueno, tuve que desmentirles que andara con compañías raras y que llamara a mi madre estando borracho. Adiós a la siesta.

Teleoperador misterioso de Jazztel, jusgaste muy bien tus cartas y ganaste esta vez, pero esto no ha acabado aquí. Aún tengo algo para ti.




lunes, 26 de agosto de 2013

El grupo Inditex se escapa del pelotón

Supongo que estaréis al tanto de la nueva ley que quiere aprobar el Gobierno sobre cobrar impuestos por el sol. La idea es absurda, pero bueno, no será ni la primera ni última cosa absurda que hace este Gobierno.

Yo no voy a hablar de esto. Prefiero centrarme en una noticia más interesante y sobre todo impactante. Inditex, la exitosa empresa textil de Amancio Ortega, se ha adelantado a esta ley con una medida muy inteligente. 

Todos conocemos que un deportista de élite, tras su retirada, necesita seguir el resto de su vida manteniendo cierto ritmo de ejercicio para que el cuerpo no diga "hasta luego, Lucas" ¿no?

Pues eso mismo pensaron los directivos de Inditex que han decidido contratar a los más grandes exciclistas de todos los tiempos. Perico Delgado, Olano, Greg Lemond, Miguel Indurain, Beloki, Eddy Mercks, Tony Rominger, entre otros.

¿Para qué? Muy sencillo. Han instalado bajo sus oficinal centrales en Arteixo una serie de dinamos gigantes conectadas a cerca de 50 bicicletas estáticas. Todas ellas estarán cabalgadas por la historia viva del ciclismo mundial. Con ellos generarán energía como para abastecer a todos sus establecimientos en la península. Un ahorro energético descomunal.

Cuando se le preguntó a Amancio Ortega sobre la posibilidad de contratar al polémico Lance Armstrong, el empresario gallego contestó sin tapujos "Estamos intentando cerrar su contratación. Él sabe que esta no es ninguna competición. Sí que es cierto que se pagarán algunos pluses a los que más pedaleen al mes, pero aquí no va a tener ningún problema en pincharse lo que sea que se pinche, así que solo con eso creo que lo tenemos ganado. Eso sí, los pinchazos se los paga él."

domingo, 25 de agosto de 2013

Prostituta sifilítica se cambia a esta calle y aumenta un 80% sus ingresos.


Antena 3 compra los derechos de "Crash! Famosos a toda hostia"



En las últimas horas del pasado sábado, Antena 3 compró los derechos de "Crash! Famosos a toda hostia".

Para ello han contado con un jurado de excepción formado por José Ortega Cano, Karim Benzemá y la famosa médium británica Anne Germain, que contactará cada semana con famosos que perdieron su vida en las carreteras como Nino Bravo o Félix Rodríguez de la Fuente. Ellos se encanrgarán de puntuar semana a semana a los participantes.

El programa estará "conducido" por Farruquito, el bailarín conocido por su pericia al volante. Y su desparpajo ante las cámaras.

El concurso consistirá en ver cómo los famosos pueden desafiar a todas las leyes de tráfico posibles y hostiarse a máxima velocidad. Los productores dejaron claro cual es el tipo de concursante que van a tener "Buscamos a famosos que no puedan ofrecernos nada más que matarse al volante. Esto abre una puerta a cualquier exconcursante de reallity show y a cualquier profesional en activo de Tele 5."

Se ha especulado mucho sobre quién demostrará su potencial como conductor temerario. Se habla del siempre polémico Rafa Mora, María Galiana, conocida por su papel de abuela en "Cuéntame" y aficionada al mundo del motor desde hace muchos años, Antonio Lobato, siempre ligado al mundo de la fórmula 1 y periodista de la casa y Serafín Zubiri, al que la experiencia en Splash! le supo a poco.

Macaco pasándose la igualdad por el forro de los cojones



Macaco es una de esas personas que llevan la igualdad y la globalidad como bandera.


En su actual portada aparece una foto con cientos de personas en blanco y negro y él destacando en color, cual niña judía de “La lista de Schindler”.


Hay gente que verá esto como un bonito recurso estilístico (no digo que no lo fuera allá en el año 2000), pero yo lo veo como una forma de decir que todos somos una chusma, excepto él, que mola mucho, haciendo canciones sobre el amor y el flow que arrastran sus huevos por el suelo.


Él mola más que nosotros y por eso hace anuncios para marcas como Phillips, que seguramente se pasen esa igualdad, que él proclama a los 4 vientos, por las partes nobles.


Macaco se cree mejor que el resto. Yo creo que es de los que folla delante de un espejo gigante para mirarse, hacer posturas, y hacer como que golpea el culo de su novia como si fuera uno de esos tambores gigantes que tanto le gusta tocar en sus videoclips.


Macaco come en el KFC y vota al PP. Macaco conduce un BMW y juega al pádel con Camps. Macaco ve La Noria y juega al Poker por internet. Macaco nos odia, pero dice que nos quiere.


P.D. Yo tengo puesto que me gusta en facebook (como podéis ver en la foto), pero le odio. Le trato de tú a tú.

Una noche extraña.



El otro día salí por fiestas de Gracia con ganas de “juergamen” . Me lo pedía mucho el cuerpo. Conocer a gente nueva, hacer como que me interesa lo que me dicen, soltarles mis cosas y ver en sus caras cómo fingen que les interesa lo que les cuento, ver cómo fingen interés entre ellos. Esas cosas de cuando sales, vamos.

Pero sobre todo salí por las gachís. Soltero como ando, no puedo dejar pasar una oportunidad como las fiestas del barrio para ir de pesca. A veces simplemente las conozco, las miro atentamente mientras hablan de sus cosas e imagino cómo seríamos los dos dentro de unos años, casados, con dos hijos, con un monovolumen que empieza a dar problemas mecánicos después de haber atropellado por accidente a aquel vagabundo que andaba con un bastón. Cuando llego a esa altura, más o menos, es cuando decido divorciarme de ellas on my mind. Normalmente no suelen superar lo del atropello y eso hace que se resienta mucho el matrimonio. Es entonces cuando mi cara de fingir interés pierde fuerza y yo, como ligón, pierdo fuerza también. Hablan un poco del tiempo y me despachan.


La cosa es que en Barcelona hay mucha chica, mucha chica guapa, para ser más exactos. Y no me sale últimamente ser simpático. Quisiera serlo, de veras, pero bastante finjo en el trabajo, como para tener que tener que estar así en mi propia vida.  Y ahí están los típicos chicos guapetes, simpáticos y con camisas chulas. Lo tienen todo. Y ellos sí que saben fingir simpatía. No puedes evitar que te caigan bien, y con competencias así no puedes evitar volverte solo a casa.


Esa noche tenía el presentimiento de que eso iba a cambiar. No a cualquier precio, evidentemente. Uno tiene un tope por abajo y por arriba mucho pájaros.


Yo caminaba solo. Había quedado con gente en un bar y ya llegaba tarde. Las calles estaban abarrotadas de gente. Algunos bebiendo, otros fumando en las puertas de los bares y el resto contemplando la decoración que los vecinos habían preparado para sus calles. Llegué a una calle completamente colapsada. Las retenciones hicieron que me fijara más en la gente que andaba por allí. Me llamó especialmente la atención un matrimonio de ancianos que caminaban cogidos de la mano. Iban mirando todo y comentando. No les vi las caras, pero estoy seguro de que reían y lo pasaban bien. Estoy seguro. Pensé que con las chicas que hablaba nunca llegaba a tener esa visión. Esa de llegar a hacerme viejo y seguir con ese bienestar. Siempre me terminaba desvinculando de ellas hasta en visiones.


Seguí a la pareja de ancianos, porque sabían moverse bien entre la gente para salir de ese atasco.  Les seguía muy de cerca para aprovechar el camino que ellos iban dejando. Llegó un momento en el que la mujer soltó la mano de su marido y miró fijamente uno de los escaparates. El marido siguió su marcha unos paso y yo adelanté a su mujer. Estaba justo entre los dos. Fue en ese momento cuando él alargó su brazo hacia atrás buscándola pero sin darse la vuelta. Tenía la mano tendida esperando contestación.


A mí en ese momento me pareció muy gracioso aprovechar la altura y la predisposición de su mano, para que me agarrara el paquete. La verdad es que es una de esas cosas con las que luego te estás riendo con los amigos de vez en cuando. “¿Te acuerdas cuando aquel viejo me agarró la polla en fiestas?” Sería gracioso si cuando pasara hubiera algún amigo delante, pero estaba más solo que la una.  No me parecía una buena anécdota, más bien una gracia sin más. Aún así lo hice, porque estas decisiones se toman en milésimas se segundo y no te paras a pensar en quién está y quién no. Quien no estaba donde debía estar era su mujer, en todo caso. Así que acerqué mi paquete a su mano, con tan mala suerte que cuando ese hombre iba agarrarme el paquete resbaló. Fue entonces cuando, además de buscar la mano de su esposa para continuar la marcha, alargó su mano para no caer, con la esperanza de no zambullirse entre esa multitud y llevarse algún pisotón que otro. Ya era demasiado tarde, no podía apartarme y mucho menos dejar caer a ese hombre.


Estaba ya agarrado a mi pene cuando iba deslizándose hacia el suelo. Me pegó el mayor tirón de pene que jamás había tenido que sufrir. Pero lejos de dolerme, me estimuló. No hablo de una erección, no señor. En ese momento lo vi claro, me vi en ese hombre, siendo un anciano. Habiendo tenido un matrimonio feliz durante 30 años, habiendo encontrado a la persona con la que compartir mi vida y no con la que divorciarme en mis visiones. Esta visión era más real que todas las otras. Y en ella aparecía yo gastándome una broma a mí mismo. Haciendo de mi pene el único agarradero posible para no caer al suelo. Reaccioné rápidamente, le cogí por los brazos y le levanté. Cuando se dio la vuelta vi que incluso ese hombre se parecía a mí.


Grité y di varios pasos hacia atrás. Choqué con su esposa, que empezó a recriminarme que qué estaba haciendo, que por qué le puse mi polla en la mano a su marido, que qué clase de gilipollas era yo. Me di cuenta en ese instante de lo que acababa de hacer. Así que me partí de risa. Un servidor es gilipollas, pero al menos tiene la decencia de admitirlo. Me volví a casa.


Le mandé un whatsapp a los amigos que me esperaban diciendo que una tía me había invitado a su piso (Qué más quisiera) y puse rumbo de vueta. Al principio recordaba con sorna lo que acababa de pasar, pero conforme me iba acercando a casa me iba entrando un bajón considerable. Acababa de dejar caer a un hombre por hacer una broma. Ese hombre no solo esperaba encontrar la mano de su mujer. Ese hombre buscaba no caer, buscaba la salvación ¿y qué encontró? Mi polla. Por Dios santo. ¡Qué gilipollas soy! Aquel señor me agarró la polla con tal fe en la humanidad, que lo primero que hice al llegar a casa fue borrar todo el porno de mi ordenador. Era la mínima señal de arrepentimiento que podía llevar a cabo. Ese pene no iba a tener hoy ningún tipo de postre. Lo que pasa es que de noche todos los gatos son pardos y me entraron cosquilleos en la entrepierna más tarde, con tan mala suerte que no me iba internet. Por cierto, gracias Jazztel, por vuestra puta mierda de servicio.


Así que acabé la noche masturbándome con los extras de la tercera temporada de Perdidos. La voz del productor ejecutivo es muy sexy. Fue una noche extraña.

Siempre hay gente que está peor que nosotros.



Hoy no he podido escribir, no me encuentro bien. Tengo un trancazo que me impedía ponerme a escribir en condiciones. Pero no me quejo, la verdad. Mañana retomaré la actividad como Dios manda.
Os pongo aquí un vídeo de alguien que estando (en principio) bien de salud al 100% realiza uno de esos vídeos cantando una canción de mierda a la cámara.
La chavala muy normal no parece. Alguien intenta que no lo haga. Se le escucha de fondo intentando interrumpirla, pero ella con un contundente “espérate” continúa con la marcha como si nada. Sus movimientos son entre perturbadores, rídículos y antieróticos.
Pero no es ella la que se puede decir que esté peor. Por difícil que parezca, hay alguien que está jodidamente mal de la cabeza como para ver este vídeo entero y dejar un comentario como el que deja.
Desde aquí no lo podréis ver, así que os animo a que le deis a ver el vídeo desde youtube, veáis el comentario y cerremos el círculo de quién está como para encerrarlo.
El mundo está lleno de gente maravillosa, y esa gente no es la que comenta los vídeos de youtube, desde luego.

El vagabundo, el cajero despistado y David Bowie



Hola. No tengo dinero. No tengo casi dinero, pero tengo otras muchas cosas, como el alquiler pagado o puré de patatas en la despensa. Pienso en mi poco dinero en momentos como en el que, cuando pasé por un kiosco, vi una revista con David Bowie en la portada y quise comprarla. Pensé en qué necesidad tenía yo de comprar esa revista. Solo para leer lo que decía ese hombre, cuyo último alquiler se pagó posiblemente en los 60. Pues quería saber lo que decía Bowie, sí. Me apetece saber qué piensa alguien que está considerado (y es) un genio. David tiene algo que mostrar al mundo y eso hace. Le va muy bien, por cierto. 

Tras ver que no tenía lo que hay que tener (Dinero.5 euros) para saber qué opina Bowie de alguna que otra cosa, me hice a un lado y disimulé como si hablara por el móvil. No sé a vosotros, pero a mí no me apetece parecer un pobre sin recursos delante de gente desconocida que ni siquiera sabe lo que estoy haciendo, de dónde vengo, ni a dónde voy y mucho menos que estoy vivo y ahí enmedio. Total, que tras hacerme a un lado discretamente casi piso a un vagabundo que pedía dinero junto a dicho kiosko. El hombre pedía dinero desde el suelo. Estando allí sentado sin hacer nada. Fue entonces cuando se dirigió hasta mí. 

 - Ehh amigo, ¿me das un euro? 

 - ¿Porque tengo yo que darte un euro? ¿Me das tú algo a cambio? 

 - Soy pobre. No tengo nada que dar. 

- No me refiero a que me des algo. A la vista está que eres pobre, pero eso no evita que puedas ofrecerme algo. Algo que solo tú tengas o algo en lo que seas bueno. Eso te ayudaría a ganar dinero seguro. Si solo pides ahí sentado no te van a dar un duro. 

 - Ya, pero no sé el qué. Si lo supiera no estaría aquí sentado. 

 - Lo primero levántate. Sentado no das pena. Parece que estás cómodo y no das pena. A ver, piensa en algo que solo tú puedas ofrecer. 

El vagabundo se puso de pie y dobló la rodilla, pero hacia adelante. Me dió tanto asco que podría haber vomitado si hubiera comido algo (recordemos que no tengo un duro y me quito comidas de aquí y de allá). Me asqueó muchísimo, pero lo había conseguido. Algo así, pocos lo hacen. Le dije que habíamos dado con algo, que lo explotara. Saqué mi cartera y le di un euro. El primer euro de muchos que estaban por llegar. Él sonrió y empezó a doblar de nuevo la rodilla. La gente se acercaba pensando que se había roto algo e intentaba ayudarle, pero él explicaba que era un don que tenía. Un don único. Me alegró conseguir despertar en él algo. Que igual que Bowie, pudiera ofrecerle algo suyo al mundo. 

 Las semanas pasaron y yo me olvidé de Bowie y sus opiniones (es lo que hace el hambre), pero no del vagabundo, que cada vez tenía más monedas en su cacharro y más gente cerca. Por puro morbo, supongo. La cosa marchaba y él explotó a base de bien su don. Yo me sentía bien. Me consideraba partícipe de esa mejora, de ese pequeño éxito en la vida de aquel hombre. Fui un estímulo importante para él. Algo así como su descubridor. 

Un día, paseando por el barrio, recordé que no tenía cerveza en casa y fui a Caprabo a comprar Aurum. Riquísima para el precio que tiene. La cosa es que un pack costaba 3,50. Pagué con un billete de 5 euros y me devolvieron 6,50 euros. Lejos de decirle al cajero que se había equivocado (siempre está con el móvil mientras trabaja y me hace perder el tiempo) me callé como una puta y arreé para casa. 

 De camino recordé a David Bowie y, teniendo en cuenta este nuevo ingreso no previsto, decidí ir a comprarme la revista y darme un gustazo esa tarde leyendo lo que tenía que decir. Justo antes de llegar al kiosco vi al vagabundo, con gesto muy serio, sentado de nuevo y con una venda en la rodilla. 

Me alarmó mucho verle así y me acerqué a ver qué tal. Me miro con cara de rabia. Creo que si se hubiera podido levantar lo hubiera hecho solo para darme un puñetazo. Ante tal cara de angustia y hostilidad, le pregunté que qué le pasaba. Me dijo que lo que él podía hacer con la rodilla no era un don, sino una lesión. Un desgaste de la articulación que le permitía saltarse el tope. El abuso de esa anomalía le hizo perder la moviidad completa de la rodilla, que se puso como un tomate tras varias semanas. Me empezó a recriminar que yo era el culpable de todo eso. Que le operaron, que no puede andar sin muletas y que tras la cicatrización posiblemente no pueda volver a andar sin bastón. 

En ese preciso instante me sentí como la mierda más grande de este mundo. Yo le había convencido de hacer algo, vale que yo no tenía ni idea de si eso era bueno o malo. Pero ese hombre no volvería a andar de forma normal por mi culpa. Luego recordé mi buena suerte ese mismo día y lo de tener algo que dar al mundo. En ese mismo instante fue cuando saqué mi cartera y, sin pestañear, le di al vagabundo 50 céntimos. Me pareció demasiado, ya que estaba otra vez sentado, justo como le dije que no debía estar el día que lo conocí.