Estás en la biblioteca haciendo como que repasas los apuntes de derecho administrativo de Birmania en los años 70, pero en realidad estás echándole el ojo a cualquier jamona que se siente por ahí. La asignatura es una mierda, de hecho es la única que te queda por aprobar. Llevas 8 años con la carrera y tus padres ya están hablando con un amigo para que te enchufe en una empresa de muelles para colchones que hay en tu pueblo. Además, como no la apruebes te tocará pringar y pasarte al Grado. A tí te da igual. Tú hoy tienes ganas de follar o, al menos, que tus miradas de baboso sean correspondidas con alguien.
De pronto aparece una pelirroja potentorra en la sala. Podrías hacerte el interesante para, a la larga, llamar su atención. Justo como te han recomendado tus amigos. Tus intenciones son buenas, de verdad. Querías ir de guay con ella, pero no puedes evitar mirarla como un idiota. No un idiota encantador de esos que al final se llevan a la chica. Un idiota que lleva la palabra "follar" escrita en la frente. Un idiota que está haciendo que la 9mm que lleva en la entrepierna se transforme en una Magnum. Como es normal, ella te pilla y, por arte de magia, te vuelca el vaso de agua que tienes junto a los apuntes, jodiéndotelos enteritos. Tan solo ha tenido que imitar la firma de su madre, como cuando firmaba los partes y las autorizaciones para las excursiones. Fácil.
Te lo han dicho mil veces. Te lo han dicho mil personas: los colegas, a los que le parece raro que te lleves un vaso de cristal a la biblioteca.; el guardia de seguridad, que escucha el tintineo que hace el vaso con las anillas de las libretas dentro de la mochila de To the limit que te regalaron por tu comunión; incluso tu madre, que ya ha notado que últimamente faltan vasos en casa y está harta de tener que reponerlos por culpa del inútil de su hijo.
Ella ha cometido un error. Te ha subestimado. Puede que seas un idiota, pero tú también sabes hacer esas cosas locas con tu cuarderno Oxford. El problema es que eres demasiado idiota. Más de lo que nadie se pudiera imaginar. En vez de levantar las manos en son de paz, decirle que sentías mirarla así y que si acepta tomar un café mientras pones a secar tus apuntes en la ventana, vas y la empotras contra la cristalera más cercana. ¿Ella te tira un vaso de agua y tú intentas matarla? Definitivamente, eres gilipollas y tienes muy poco tacto con las damas.
Has dejado una carrera sin acabar y a unos padres destrozados. Tu madre está sufriendo porque ya se comprometió con su amigo para que trabajaras este verano cubriendo las vacaciones de sus trabajadores. Ahora le tocará ir a tu hermano pequeño, que ya apunta maneras y, con 17 años, sigue en 5º de E.G.B. La próxima vez ya aprenderás.
Ay, que te has muerto. Calla calla... No he dicho nada.
