miércoles, 30 de octubre de 2013

Tengo un amigo. Capítulo 2.

Hoy mi amigo Rest me ha escrito él directamente esto, cosa que agradezco:

"Hoy ha venido al restaurante la pareja más rara que he visto en mi vida. Estaba formada por un hombre que parecía ir a cámara lenta al más puro estilo de películas de acción orientales o Matrix. Para que os hagáis una idea es como darle al botón de avance lento en el DVD. 

La cosa es que estaban ellos dos solos en el restaurante. Podía verle moviéndose tan lentamente que empezaba a ponerme nervioso. Junto a él iba su novia, mujer o Dios sabe qué. Lo único que tenía claro es que ella, en eso de ser raro, le ganaba por goleada. Como ella se movía más rápido que él, es decir, como cualquier persona normal, se apalancó en la caja mucho antes. Ojala no hubiera pasado eso, ya que ella iba abrazada a una garrafa de agua cortada por la mitad y metida en una bolsa. Cada 3 segundos escupía dentro. Verla era desagradable, pero peor era escucharla. 

Amigo Daniel, imagínate ver al tipo ese recorriendo el restaurante durante 17 minutos de reloj reales, mientras su chica estaba escupiendo en una garrafa cada 3 segundos. Para pegarse un tiro. Para colmo, cuando el señor llegó a la caja, se le había olvidado el postre. Como no seguir con mi amargura, me ofrecí voluntario para traérselo. Cualquier cosa por no tener que escuchar un sólo escupitajo más. 

Cuando ya pensaba que me había librado de ellos para siempre, el tipo se quejaba del precio del vaso de refresco y quería anularlo, porque quería beber de la botella grande de agua que su chica llevaba en el bolso. Tenía que haberle invitado a beber de la garrafa que llevaba bajo el brazo, a ver qué me decía.

Finalmente acabé de tomarle nota con sus anulaciones pertinentes, no si antes dejarles un recadito. Adivina a quién "se le cayó por error" la tarjeta de crédito del señor dentro de la media garrafa de la chica. Pues eso, que me encanta mi trabajo."

martes, 29 de octubre de 2013

NUEVA SECCIÓN: Tengo un amigo. Capítulo 1.

Muy buenas de nuevo, mis gordicos. He estado ausente durante un tiempo. Ya sabéis, ¿no? Mucho trabajo atrasado, compromisos. Vamos, que me descargué el Plantas contra Zombies 2 en la tablet y no he hecho otra cosa más que jugar como un idiota. Pero bueno, peores son los que juegan al Pet Rescue Saga. Yo no tengo que ir mendigando vidas por las redes sociales ni posteando cada nivel que he superado. Además, alguien les tiene que decir que es igual que el Candy Crush, pero con perros por ahí en medio. Se han calentado la cabeza los creadores una barbaridad.

Bueno, a lo que iba. Retomo mi actividad por aquí con una nueva sección. En ella iré contando cosas que le pasan a un amigo mío que tengo. Trabaja en el restaurante de una tienda de muebles y a veces me cuenta sus historias. Algunas de ellas muy dignas de registrarse para la posteridad, y eso quiero hacer.

Vamos a llamar a mi amigo Rest. Porque trabaja en un restaurante y porque si lo lees muy rápido parece que está diciendo Rex, como el perro policía de esa serie coproducción austriaco alemana y demás países que deberían dedicarse solo a producir porno y menos series policíacas de mierda y películas para la sobremesa de Antena 3.

Bueno, resulta de Rest estaba el otro día atendiendo en caja a los clientes. Era el turno de dos mujeres de mediana edad. Rest, al ver lo que llevaban en sus bandejas les preguntó si su intención era hacer un menú de los que aparecían anunciados en los carteles. Afirmativo. Entonces Rest le indicó a una de ellas que si quería hacer menú tenía que cambiar el gran plato de ensalada que llevaba por un pequeño bol. La mujer le miró indignada y dijo que eso no podía ser. Rest le señaló el cartel para que ella viera que estaba equivocada. Tras esa breve aclaración, la mujer se dirigió al buffet de ensaladas y cogió un plato. Luego volvió a caja y comenzó el show. Esa mujer empezó a coger con las manos toda la ensalada que llenaba el plato y la empezó a meter a presión en el bol. Sus manos estaban chorreando líquido de los champiñones y de remolacha. Cogía ensalada y la empujaba en ese pequeño bol. Todo ello sin dejar de mirar fíjamente a los ojos con tono desafiante al pobre Rest. La amiga le reía la gracia. Eran dos buenas gamberras, si señor.

Rest, que ese día no estaba para que le tocaran los cojones. Bueno, rectifico, a Rest, así de primeras, no le apetece que se los toquen nunca. Rest mantuvo la mirada de esa mujer y le dijo: ¿Eso lo hace en casa? ¿Lo hace delante de sus hijos, ehh, tiene usted hijos?

La mujer frenó en seco su manualidad vegetal y respondió con un apagado "no" mientras agachaba la cabeza y se dirigía de nuevo al buffet de ensaladas. Rest le dijo desde la caja "¡No me extraña que no los tenga, con ese comportamiento..."

La amiga se acercó de forma cauta a Rest y le dijo que ella no podía tener hijos. Rest se sintió fatal en ese momento. La había cagado completamente. Miró hacia el buffet para ver si la mujer se encontraba bien tras el encontronazo. Se la encontró golpeando el bol contra la mesa y explicando en voz alta que le estaban humillando esa mañana allí. Rest se sentía fatal por todo lo ocurrido y tuvo una gran idea para enmendar su error. Rápidamente se puso a ello.

Ni corto ni perezoso, Rest agarró el teléfono a su disposición en la zona de cajas y llamó a seguridad. Le dijo que habían dos mujeres provocando un altercado y que se las tenían que llevar cuanto antes. Cuando seguridad apareció, la mujer se puso más nerviosa todavía. Rest hizo un gesto con la cabeza para indicar que era ella. La amiga entonces miró a los ojos a Rest y él pudo leer un claro "Eres un hijodeputa" en sus labios. Rest, que estaba en racha, indicó a seguridad que esta era la segunda mujer problemática de la que había hablado por teléfono. 

El silencio se hizo y entonces fue cuando Rest supo de verdad que había hecho lo correcto.  Pero eso no fue todo, ya que miró su reloj y vió que le quedaban solo 5 minutos para terminar su turno. En el restaurante hay una política por la que prefieren dar la comida que sobra a sus trabajadores antes que tirarla. Así que Rest pudo disfrutar de un sabroso menú por la patilla. 

La mujer y su amiga pasaron una noche en el calabozo y pusieron una denuncia a los de seguridad por propinarles una paliza. En el acta, los guardas dijeron que cuando las trasladaban al calabozo pasaron por una zona con muchos baches, así que el juez lo dejó pasar. Meses después, la mujer y el guarda que le propinó la presunta paliza comenzaron una relación. Ella espera mellizos. Solo que no se acuerda que no puede tener hijos.