jueves, 29 de agosto de 2013

El crujiente poema de un obsesivo compulsivo por los Risketos que está dándo la vuelta ciclista a España.



La primera vez que la vi

estaba completamente naranja,

eso puede ser porque justo antes de cruzarme con ella me picaba el ojo

y como estaba comiendo Risketos, al rascarme debió meterse el colorante bajo los párpados

me arañaba las córneas con esos grumos naranjas

¡Joder, ojala pudiera lamerme mis ojos!

en aquel momento estarían riquísimos, ¡puta mierda de suerte que tengo!

Ahora en la cama estoy pensando.

No parece que tenga la bolsa de Risketos de debajo de la almohada.

¿Se habrán agotado?

¿Estará algo abierto a estas horas para comprar?

¿Tendré suficiente para mañana con la caja de 20 bolsas que hay debajo del fregadero?

 Bueno, volviendo al tema de ella.

Cuando la vi pensé que estaba buenísima, toda cubierta de ese naranja.

Vi una pestaña en su mejilla y se la quité.

Tenía los dedos cubiertos del polvillo de los Risketos, así que le dejé un manchurrón en la cara. 

Ella puso casa de asco.

Yo le lamí la cara.

Sonrió. Decía que parecía un perrico. Dios, qué imbécil era.

La invité a salir, pero hacía tanto ruido con mi bolsa de Risketos que ella pensaba que se los estaba ofreciendo, así que dijo que sí.

Yo, por supuesto, no le di ni uno. 

Ella me puso cara rara.

Al día siquiente estaba en su puerta.

Ella no me esperaba. 

Le dije que habíamos quedado.

Me dijo que no. 

Iba con otro tipo.

Le vi un manchurrón naranja en la mejilla de nuevo.

Le di un lametón. Sabía que eso se iba a gustar.

Casi vomito, no eran Risketos, era un pegote de maquillaje.

Ella me empujó. 

Yo le empujé a él.

El me empujó a mí.

Caí al suelo, pero las bolsas de Risketos que tenía en los bolsillos de atrás amortiguaron la caída.

Él se rió de mí. Dijo que por el sonido que hice al caer, parecía que llevaba pañales.

Ambos se fueron riendo.

Era el momento de actuar.

Compré dos bolsas grandes de Risketos. 

Me las zampé. Nunca unos risketos me supieron tan bien.

Sabía dónde estaban. En el cine. Les escuché hablar de ello cuando les seguía.

Compré una entrada, el portero me dijo que estaba deteriorada.

Me dijo que estaba sucia, manchada de naranja. No me pensaba dejar entrar.

Me puse muy nervioso. El sudor de mis manos hacía gotear el naranja.

El taquillero le hizo un gesto como de que estaba loco y me dejó pasar.

La gente hacía mucho ruido en la sala. Me entró el pánico. 

Cientos de personas masticando snacks y ninguno era Risketos.

Pajitas, Chetos pandilla, Boca Bits, Triskis, las clásicas palomitas...

Me acerqué al hombre que estaba sentado tras ella y su nuevo amigo.

Le pregunté que por qué comía Lays Receta campesina y no Risketos.

Me dijo que "esa mierda manchaba los dedos".

"¿Así?" Le acerqué la mano a la cara.

Me dijo que sí impasible. No parecía tenerme miedo. Los tenía bien puestos.

Le pedí amablemente que me cediera el asiento.

Se negó rotundamente mientras me miraba a los ojos.

Sin despegar la mirada me humedecí todos los dedos y le acerqué la mano a la cara.

La tensión se podía cortar con un cuchillo.

Al final terminó cediendo. 

Me ofreció Lays receta campesina y le mandé a tomar viento.

Me coloqué solo detrás de ellos. 

Estaba praparado.

Saqué las bolsas y las puse sobre sus cabezas.

En la película estalló una bomba. Me vino que ni pintado. De naranja.

Apreté ambas bolsas con todas mis fuerzas. 

Dejaron de respirar enseguida. Creía que iba a ser más difícil, la verdad.

Retiré las bolsas y ahí estaban. 

Los dos perfectos, preciosos, inmaculados. Con la mirada fija en la pantalla.

Sus rostros naranjas me abrieron el apetito. 

Estuve lamiendo sus caras durante horas, hasta que vino la policía.

Ellos no me llamaban perrico, no. Ellos sabían cómo llamarme.

Puto loco.



miércoles, 28 de agosto de 2013

Yo también tengo algo para vosotros.


Hoy he recibido una llamada de un número desconocido. No era oculto, solo desconocido, así que descolgué sin pensarlo. Preguntaron por mí nombre y asentí. Me dijo que llamaba porque estaba en su lista para realizar el servicio militar obligatorio, vamos, "la mili".

Yo me quedé un momento reflexionando en silencio. Le pregunté si era una broma. 

- A ver, usted es Daniel Cano Alarcón, con DNI tal cual...

- Sí, soy yo, pero debe de ser un error. El servicio militar obligatorio se eliminó hace ya muchos años. ¿De dónde me llama? 

Titubeó, pero dijo que llamaba de un cuartel situado en Almería. Conocía de la existencia de ese cuartel, pero seguí insitiendo en que eso debía ser un error.

- No me creo nada. A ver, ¿de dónde me llama?

- Insisto señor, le llamo desde Almería.

- Venga ¿y en qué año estamos?

- En 1982, señor.

Me cambió la cara, pero impuse la lógica. No quedaba otra.

- Entonces está usted llamando a una persona que no nacerá haste dentro de 6 años y le llama a un aparato que no se inventará hasta dentro de 10 años como mínimo. No manejo la fecha exacta de la invención del móvil.

- ¿Móvil? ¿De qué me habla, señor?

- Mira, que no me trago lo de señor, ni lo de la mili, ni el 1982. Además, tienes acento sudamericano. En 1982 no había un sudamericano en el ejército ni de coña.

- Lo que está diciendo usted es racista y grosero para conmigo...

- Escúchame, o me dices para qué me estás llamando o cuelgo, que quería dormir la siesta. Y bastante tengo con los de Jazztel.

 - Sí.

- ¿Sí qué?

- Que le llamo de Jazztel.

- ¿ Que me llamas de Jazztel? ¿Y me vienes con esa gilipollez de la mili?

- Era por darle un escarmiento.

- ¿Escarmiento de qué?

- Usted posteó hace unos días en internet que su conexión con nosotros no iba bien. Nuestros compañeros anotaron esa queja y no se vió ninguna llamada por su parte para reclamar. Usted nos criticó directamente en la red sin tratar el problema con nuestros operadores. Cosas como esa tienen un impacto económico brutal en nuestra empresa. Se genera una corriente negativa de opinión.

- Escúchame, me importa más bien poco qué le pase a tu empresa. Si no dais buen servicio es problema vuestro, no mío. Por cierto, ¿te pagan por esto? ¿Por gastar bromas telefónicas a los clientes? ¿Sabe tu jefe lo que estás haciendo ahora mismo?

El operador se quedó súbitamente callado. No sabía cómo salir de ahí.

-  Escucha, no te molestes en contestar, tengo prisa. QUE TE DEN POR EL CULO.

Justo cuando iba a colgar oí cómo gritaba que tenía algo para mí. 

- A ver, venga. Dime lo que tengas para mí y cuelgo.

- No es algo que le pueda decir, es que tenemos a su madre aquí. O borra ese comentario o pasaremos a mayores. 

Hice una breve pausa. Este chaval me estaba tocando los mismísimos y pasaba de perder más tiempo. De veras que quería echar esa siesta. 

- Mira, yo también tengo algo para ti.

Erupté y colgué.


Me metí en la cama y empecé a acurrucarme para coger el sueño. Pasaron lo que supongo que serían unos 10 minutos y no conseguí coger el sueño. ¿Y si esos putos locos de Jazztel habían amordazado a mi madre? ¡Qué gilipollez! Voy a llamarla y punto.

Como era normal, me comunicaba. Mi abuela y yo siempre nos ponemos de acuerdo para llamarle siempre a la vez. Bueno, mi abuela siempre es más rápida que yo. Eso me tranquilizó. Si alguien rapta a mi madre apagaría el móvil, no estaría hablando con nadie a través de él. Según las películas, un teléfono se puede localizar mientras está al habla, así que no tenía sentido que la tuvieran amordazada. Me sentí estúpido solamente de haberlo dudado.

Con la conciencia mucho más tranquila por haber llamado a mi madre y no haber pasado olímpicamente del tema, me volví a la cama. Y justo cuando el sueño entró a mi habitación sin avisar y empezaba a abrazarme sonó el teléfono. Era mi madre.


- Dime.

- ¿Dime? Imbécil, que eres un imbécil.

- Pero mamá, ¿Qué te pasa?

- ¿Me llamas, me mandas a tomar por culo, cuelgas y ahora me dices que qué pasa? 

No sé cómo, pero si alguien sabe son ellos, los de Jazztel han llamado a mi madre con mi número y han reproducido mi frase sacada de la típica "grabación para asegurar la calidad de nuestros asistentes". 

Bastente tuve yo con eso. ¿Cómo le explicas lo que os he explicado a vosotros en un párrafo a una madre? Todo esto le sonaba a ciencia ficción y pensaba que me estaba haciendo el remolón. En resumen, me pasé toda la tarde intentando disculparme ante mi madre por algo que no hice. Luego se puso mi padre y bueno, tuve que desmentirles que andara con compañías raras y que llamara a mi madre estando borracho. Adiós a la siesta.

Teleoperador misterioso de Jazztel, jusgaste muy bien tus cartas y ganaste esta vez, pero esto no ha acabado aquí. Aún tengo algo para ti.




lunes, 26 de agosto de 2013

El grupo Inditex se escapa del pelotón

Supongo que estaréis al tanto de la nueva ley que quiere aprobar el Gobierno sobre cobrar impuestos por el sol. La idea es absurda, pero bueno, no será ni la primera ni última cosa absurda que hace este Gobierno.

Yo no voy a hablar de esto. Prefiero centrarme en una noticia más interesante y sobre todo impactante. Inditex, la exitosa empresa textil de Amancio Ortega, se ha adelantado a esta ley con una medida muy inteligente. 

Todos conocemos que un deportista de élite, tras su retirada, necesita seguir el resto de su vida manteniendo cierto ritmo de ejercicio para que el cuerpo no diga "hasta luego, Lucas" ¿no?

Pues eso mismo pensaron los directivos de Inditex que han decidido contratar a los más grandes exciclistas de todos los tiempos. Perico Delgado, Olano, Greg Lemond, Miguel Indurain, Beloki, Eddy Mercks, Tony Rominger, entre otros.

¿Para qué? Muy sencillo. Han instalado bajo sus oficinal centrales en Arteixo una serie de dinamos gigantes conectadas a cerca de 50 bicicletas estáticas. Todas ellas estarán cabalgadas por la historia viva del ciclismo mundial. Con ellos generarán energía como para abastecer a todos sus establecimientos en la península. Un ahorro energético descomunal.

Cuando se le preguntó a Amancio Ortega sobre la posibilidad de contratar al polémico Lance Armstrong, el empresario gallego contestó sin tapujos "Estamos intentando cerrar su contratación. Él sabe que esta no es ninguna competición. Sí que es cierto que se pagarán algunos pluses a los que más pedaleen al mes, pero aquí no va a tener ningún problema en pincharse lo que sea que se pinche, así que solo con eso creo que lo tenemos ganado. Eso sí, los pinchazos se los paga él."

domingo, 25 de agosto de 2013

Prostituta sifilítica se cambia a esta calle y aumenta un 80% sus ingresos.


Antena 3 compra los derechos de "Crash! Famosos a toda hostia"



En las últimas horas del pasado sábado, Antena 3 compró los derechos de "Crash! Famosos a toda hostia".

Para ello han contado con un jurado de excepción formado por José Ortega Cano, Karim Benzemá y la famosa médium británica Anne Germain, que contactará cada semana con famosos que perdieron su vida en las carreteras como Nino Bravo o Félix Rodríguez de la Fuente. Ellos se encanrgarán de puntuar semana a semana a los participantes.

El programa estará "conducido" por Farruquito, el bailarín conocido por su pericia al volante. Y su desparpajo ante las cámaras.

El concurso consistirá en ver cómo los famosos pueden desafiar a todas las leyes de tráfico posibles y hostiarse a máxima velocidad. Los productores dejaron claro cual es el tipo de concursante que van a tener "Buscamos a famosos que no puedan ofrecernos nada más que matarse al volante. Esto abre una puerta a cualquier exconcursante de reallity show y a cualquier profesional en activo de Tele 5."

Se ha especulado mucho sobre quién demostrará su potencial como conductor temerario. Se habla del siempre polémico Rafa Mora, María Galiana, conocida por su papel de abuela en "Cuéntame" y aficionada al mundo del motor desde hace muchos años, Antonio Lobato, siempre ligado al mundo de la fórmula 1 y periodista de la casa y Serafín Zubiri, al que la experiencia en Splash! le supo a poco.

Macaco pasándose la igualdad por el forro de los cojones



Macaco es una de esas personas que llevan la igualdad y la globalidad como bandera.


En su actual portada aparece una foto con cientos de personas en blanco y negro y él destacando en color, cual niña judía de “La lista de Schindler”.


Hay gente que verá esto como un bonito recurso estilístico (no digo que no lo fuera allá en el año 2000), pero yo lo veo como una forma de decir que todos somos una chusma, excepto él, que mola mucho, haciendo canciones sobre el amor y el flow que arrastran sus huevos por el suelo.


Él mola más que nosotros y por eso hace anuncios para marcas como Phillips, que seguramente se pasen esa igualdad, que él proclama a los 4 vientos, por las partes nobles.


Macaco se cree mejor que el resto. Yo creo que es de los que folla delante de un espejo gigante para mirarse, hacer posturas, y hacer como que golpea el culo de su novia como si fuera uno de esos tambores gigantes que tanto le gusta tocar en sus videoclips.


Macaco come en el KFC y vota al PP. Macaco conduce un BMW y juega al pádel con Camps. Macaco ve La Noria y juega al Poker por internet. Macaco nos odia, pero dice que nos quiere.


P.D. Yo tengo puesto que me gusta en facebook (como podéis ver en la foto), pero le odio. Le trato de tú a tú.

Una noche extraña.



El otro día salí por fiestas de Gracia con ganas de “juergamen” . Me lo pedía mucho el cuerpo. Conocer a gente nueva, hacer como que me interesa lo que me dicen, soltarles mis cosas y ver en sus caras cómo fingen que les interesa lo que les cuento, ver cómo fingen interés entre ellos. Esas cosas de cuando sales, vamos.

Pero sobre todo salí por las gachís. Soltero como ando, no puedo dejar pasar una oportunidad como las fiestas del barrio para ir de pesca. A veces simplemente las conozco, las miro atentamente mientras hablan de sus cosas e imagino cómo seríamos los dos dentro de unos años, casados, con dos hijos, con un monovolumen que empieza a dar problemas mecánicos después de haber atropellado por accidente a aquel vagabundo que andaba con un bastón. Cuando llego a esa altura, más o menos, es cuando decido divorciarme de ellas on my mind. Normalmente no suelen superar lo del atropello y eso hace que se resienta mucho el matrimonio. Es entonces cuando mi cara de fingir interés pierde fuerza y yo, como ligón, pierdo fuerza también. Hablan un poco del tiempo y me despachan.


La cosa es que en Barcelona hay mucha chica, mucha chica guapa, para ser más exactos. Y no me sale últimamente ser simpático. Quisiera serlo, de veras, pero bastante finjo en el trabajo, como para tener que tener que estar así en mi propia vida.  Y ahí están los típicos chicos guapetes, simpáticos y con camisas chulas. Lo tienen todo. Y ellos sí que saben fingir simpatía. No puedes evitar que te caigan bien, y con competencias así no puedes evitar volverte solo a casa.


Esa noche tenía el presentimiento de que eso iba a cambiar. No a cualquier precio, evidentemente. Uno tiene un tope por abajo y por arriba mucho pájaros.


Yo caminaba solo. Había quedado con gente en un bar y ya llegaba tarde. Las calles estaban abarrotadas de gente. Algunos bebiendo, otros fumando en las puertas de los bares y el resto contemplando la decoración que los vecinos habían preparado para sus calles. Llegué a una calle completamente colapsada. Las retenciones hicieron que me fijara más en la gente que andaba por allí. Me llamó especialmente la atención un matrimonio de ancianos que caminaban cogidos de la mano. Iban mirando todo y comentando. No les vi las caras, pero estoy seguro de que reían y lo pasaban bien. Estoy seguro. Pensé que con las chicas que hablaba nunca llegaba a tener esa visión. Esa de llegar a hacerme viejo y seguir con ese bienestar. Siempre me terminaba desvinculando de ellas hasta en visiones.


Seguí a la pareja de ancianos, porque sabían moverse bien entre la gente para salir de ese atasco.  Les seguía muy de cerca para aprovechar el camino que ellos iban dejando. Llegó un momento en el que la mujer soltó la mano de su marido y miró fijamente uno de los escaparates. El marido siguió su marcha unos paso y yo adelanté a su mujer. Estaba justo entre los dos. Fue en ese momento cuando él alargó su brazo hacia atrás buscándola pero sin darse la vuelta. Tenía la mano tendida esperando contestación.


A mí en ese momento me pareció muy gracioso aprovechar la altura y la predisposición de su mano, para que me agarrara el paquete. La verdad es que es una de esas cosas con las que luego te estás riendo con los amigos de vez en cuando. “¿Te acuerdas cuando aquel viejo me agarró la polla en fiestas?” Sería gracioso si cuando pasara hubiera algún amigo delante, pero estaba más solo que la una.  No me parecía una buena anécdota, más bien una gracia sin más. Aún así lo hice, porque estas decisiones se toman en milésimas se segundo y no te paras a pensar en quién está y quién no. Quien no estaba donde debía estar era su mujer, en todo caso. Así que acerqué mi paquete a su mano, con tan mala suerte que cuando ese hombre iba agarrarme el paquete resbaló. Fue entonces cuando, además de buscar la mano de su esposa para continuar la marcha, alargó su mano para no caer, con la esperanza de no zambullirse entre esa multitud y llevarse algún pisotón que otro. Ya era demasiado tarde, no podía apartarme y mucho menos dejar caer a ese hombre.


Estaba ya agarrado a mi pene cuando iba deslizándose hacia el suelo. Me pegó el mayor tirón de pene que jamás había tenido que sufrir. Pero lejos de dolerme, me estimuló. No hablo de una erección, no señor. En ese momento lo vi claro, me vi en ese hombre, siendo un anciano. Habiendo tenido un matrimonio feliz durante 30 años, habiendo encontrado a la persona con la que compartir mi vida y no con la que divorciarme en mis visiones. Esta visión era más real que todas las otras. Y en ella aparecía yo gastándome una broma a mí mismo. Haciendo de mi pene el único agarradero posible para no caer al suelo. Reaccioné rápidamente, le cogí por los brazos y le levanté. Cuando se dio la vuelta vi que incluso ese hombre se parecía a mí.


Grité y di varios pasos hacia atrás. Choqué con su esposa, que empezó a recriminarme que qué estaba haciendo, que por qué le puse mi polla en la mano a su marido, que qué clase de gilipollas era yo. Me di cuenta en ese instante de lo que acababa de hacer. Así que me partí de risa. Un servidor es gilipollas, pero al menos tiene la decencia de admitirlo. Me volví a casa.


Le mandé un whatsapp a los amigos que me esperaban diciendo que una tía me había invitado a su piso (Qué más quisiera) y puse rumbo de vueta. Al principio recordaba con sorna lo que acababa de pasar, pero conforme me iba acercando a casa me iba entrando un bajón considerable. Acababa de dejar caer a un hombre por hacer una broma. Ese hombre no solo esperaba encontrar la mano de su mujer. Ese hombre buscaba no caer, buscaba la salvación ¿y qué encontró? Mi polla. Por Dios santo. ¡Qué gilipollas soy! Aquel señor me agarró la polla con tal fe en la humanidad, que lo primero que hice al llegar a casa fue borrar todo el porno de mi ordenador. Era la mínima señal de arrepentimiento que podía llevar a cabo. Ese pene no iba a tener hoy ningún tipo de postre. Lo que pasa es que de noche todos los gatos son pardos y me entraron cosquilleos en la entrepierna más tarde, con tan mala suerte que no me iba internet. Por cierto, gracias Jazztel, por vuestra puta mierda de servicio.


Así que acabé la noche masturbándome con los extras de la tercera temporada de Perdidos. La voz del productor ejecutivo es muy sexy. Fue una noche extraña.

Siempre hay gente que está peor que nosotros.



Hoy no he podido escribir, no me encuentro bien. Tengo un trancazo que me impedía ponerme a escribir en condiciones. Pero no me quejo, la verdad. Mañana retomaré la actividad como Dios manda.
Os pongo aquí un vídeo de alguien que estando (en principio) bien de salud al 100% realiza uno de esos vídeos cantando una canción de mierda a la cámara.
La chavala muy normal no parece. Alguien intenta que no lo haga. Se le escucha de fondo intentando interrumpirla, pero ella con un contundente “espérate” continúa con la marcha como si nada. Sus movimientos son entre perturbadores, rídículos y antieróticos.
Pero no es ella la que se puede decir que esté peor. Por difícil que parezca, hay alguien que está jodidamente mal de la cabeza como para ver este vídeo entero y dejar un comentario como el que deja.
Desde aquí no lo podréis ver, así que os animo a que le deis a ver el vídeo desde youtube, veáis el comentario y cerremos el círculo de quién está como para encerrarlo.
El mundo está lleno de gente maravillosa, y esa gente no es la que comenta los vídeos de youtube, desde luego.

El vagabundo, el cajero despistado y David Bowie



Hola. No tengo dinero. No tengo casi dinero, pero tengo otras muchas cosas, como el alquiler pagado o puré de patatas en la despensa. Pienso en mi poco dinero en momentos como en el que, cuando pasé por un kiosco, vi una revista con David Bowie en la portada y quise comprarla. Pensé en qué necesidad tenía yo de comprar esa revista. Solo para leer lo que decía ese hombre, cuyo último alquiler se pagó posiblemente en los 60. Pues quería saber lo que decía Bowie, sí. Me apetece saber qué piensa alguien que está considerado (y es) un genio. David tiene algo que mostrar al mundo y eso hace. Le va muy bien, por cierto. 

Tras ver que no tenía lo que hay que tener (Dinero.5 euros) para saber qué opina Bowie de alguna que otra cosa, me hice a un lado y disimulé como si hablara por el móvil. No sé a vosotros, pero a mí no me apetece parecer un pobre sin recursos delante de gente desconocida que ni siquiera sabe lo que estoy haciendo, de dónde vengo, ni a dónde voy y mucho menos que estoy vivo y ahí enmedio. Total, que tras hacerme a un lado discretamente casi piso a un vagabundo que pedía dinero junto a dicho kiosko. El hombre pedía dinero desde el suelo. Estando allí sentado sin hacer nada. Fue entonces cuando se dirigió hasta mí. 

 - Ehh amigo, ¿me das un euro? 

 - ¿Porque tengo yo que darte un euro? ¿Me das tú algo a cambio? 

 - Soy pobre. No tengo nada que dar. 

- No me refiero a que me des algo. A la vista está que eres pobre, pero eso no evita que puedas ofrecerme algo. Algo que solo tú tengas o algo en lo que seas bueno. Eso te ayudaría a ganar dinero seguro. Si solo pides ahí sentado no te van a dar un duro. 

 - Ya, pero no sé el qué. Si lo supiera no estaría aquí sentado. 

 - Lo primero levántate. Sentado no das pena. Parece que estás cómodo y no das pena. A ver, piensa en algo que solo tú puedas ofrecer. 

El vagabundo se puso de pie y dobló la rodilla, pero hacia adelante. Me dió tanto asco que podría haber vomitado si hubiera comido algo (recordemos que no tengo un duro y me quito comidas de aquí y de allá). Me asqueó muchísimo, pero lo había conseguido. Algo así, pocos lo hacen. Le dije que habíamos dado con algo, que lo explotara. Saqué mi cartera y le di un euro. El primer euro de muchos que estaban por llegar. Él sonrió y empezó a doblar de nuevo la rodilla. La gente se acercaba pensando que se había roto algo e intentaba ayudarle, pero él explicaba que era un don que tenía. Un don único. Me alegró conseguir despertar en él algo. Que igual que Bowie, pudiera ofrecerle algo suyo al mundo. 

 Las semanas pasaron y yo me olvidé de Bowie y sus opiniones (es lo que hace el hambre), pero no del vagabundo, que cada vez tenía más monedas en su cacharro y más gente cerca. Por puro morbo, supongo. La cosa marchaba y él explotó a base de bien su don. Yo me sentía bien. Me consideraba partícipe de esa mejora, de ese pequeño éxito en la vida de aquel hombre. Fui un estímulo importante para él. Algo así como su descubridor. 

Un día, paseando por el barrio, recordé que no tenía cerveza en casa y fui a Caprabo a comprar Aurum. Riquísima para el precio que tiene. La cosa es que un pack costaba 3,50. Pagué con un billete de 5 euros y me devolvieron 6,50 euros. Lejos de decirle al cajero que se había equivocado (siempre está con el móvil mientras trabaja y me hace perder el tiempo) me callé como una puta y arreé para casa. 

 De camino recordé a David Bowie y, teniendo en cuenta este nuevo ingreso no previsto, decidí ir a comprarme la revista y darme un gustazo esa tarde leyendo lo que tenía que decir. Justo antes de llegar al kiosco vi al vagabundo, con gesto muy serio, sentado de nuevo y con una venda en la rodilla. 

Me alarmó mucho verle así y me acerqué a ver qué tal. Me miro con cara de rabia. Creo que si se hubiera podido levantar lo hubiera hecho solo para darme un puñetazo. Ante tal cara de angustia y hostilidad, le pregunté que qué le pasaba. Me dijo que lo que él podía hacer con la rodilla no era un don, sino una lesión. Un desgaste de la articulación que le permitía saltarse el tope. El abuso de esa anomalía le hizo perder la moviidad completa de la rodilla, que se puso como un tomate tras varias semanas. Me empezó a recriminar que yo era el culpable de todo eso. Que le operaron, que no puede andar sin muletas y que tras la cicatrización posiblemente no pueda volver a andar sin bastón. 

En ese preciso instante me sentí como la mierda más grande de este mundo. Yo le había convencido de hacer algo, vale que yo no tenía ni idea de si eso era bueno o malo. Pero ese hombre no volvería a andar de forma normal por mi culpa. Luego recordé mi buena suerte ese mismo día y lo de tener algo que dar al mundo. En ese mismo instante fue cuando saqué mi cartera y, sin pestañear, le di al vagabundo 50 céntimos. Me pareció demasiado, ya que estaba otra vez sentado, justo como le dije que no debía estar el día que lo conocí.