Desde hace unos meses, tengo todo tipo de sueños y en todos aparece El Niño de Mula, que viene a ser una figura de Jesús con 4 o 5 años, que da mucha grima y que parece un personaje sacado del Final Fantasy reconvertido al cristianismo. Supongo que aparece últimamente por el ansia que tengo de que llegue semana santa. Estoy deseando ver en las noticias a la gente llorando porque ha llovido otro año más y no pueden sacar sus pasos de semana santa hechos en madera. ¿A nadie se le ha ocurrido crear imagenes religiosas en acero inoxidable? Sin pintar ni nada, que den el aspecto de ser algo fuera de este mundo, una especie de Terminator de la religión que viene del pasado para salvarnos. Señoras y señores cristianos: Renovarse o llorar.
Bueno, a lo que importa, que este es el primer sueño en el que el Niño de Mula apareció. Disfrutad de él.
Encontré el iphone que me robaron hace dos años dentro de
una secadora en el mediamarkt. Ahí estaba, con todos mis mensajes, el
mismo registro de llamadas. La batería casi gastada, como cuando me lo
robaron a puñetazos. Empezó a sangrarme la nariz. Busqué el puesto de
información para preguntar sobre esa secadora. El dependiente me
miró de arriba a abajo. Yo hice lo propio para no ser menos. Se llamaba
Juan José.
Él me dijo: "Mañana es martes en todo el mundo". Mañana era
domingo, pero bueno.
Miró hacia mi abdomen. Seguí su mirada y vi como sacaba de
mi torso la hoja de la navaja que sostenía en su mano. No me dolió
nada. Después se arrodilló frente a mí y ahuecó las manos como esperando
coger algo. De la herida salieron 3 huevos además de una buena dosis de sangre. Sentí un dolor espantoso, pero una vez salieron todos ya no
sentía nada. Solo alivio.
Me pidió que le siguiera a la sección de cocinas. Encendió
una vitro y rompió los 3 huevos dentro de la sartén que había de
muestra. Me dijo que esperara. Me dio un trapo para tapar la herida. Le
vi pasearse por la sección de tarjetas de memoria. Vino con al menos 6
tarjetas SD. Rompió los blisters y echó las tarjetas a la sartén. Hizo
una tortilla con ellas. Tenía grumos oscuros, algunos por las tarjetas y
otros por la sangre que cayó de las cáscaras.
Empezó a comerse la tortilla. Yo estaba desconcertado. No
me apetecía probarla porque tenía que estar, como mínimo, asquerosa, y porque
no le había echado sal, pero eran mis huevos, o al menos habían salido
de mi abdómen. Quise acercarme a él para que me explicara qué estaba
ocurriendo. Me echó el aliento y de su boca salió pura niebla.
Dijo: "Ni
se te ocurra tocarme, hijo de puta."
Yo siempre había tenido dudas sobre
el pasado profesional de mi madre. La prostitución puede haber pagado
mis estudios y los de mis otros 5 hermanos, así que nunca la condené por
ello. Ahora hay tantas fisioterapeutas madres solteras... La cosa es
que ese tipo podía saberlo todo sobre mí o tan solo insultarme con la
palabra más utilizada por ese tipo de guionista que gusta de imitar a
Tarantino, pero con desastrosos resultados.
Cuando intenté acercarme a él por segunda vez me empujó y
se rajó el cuello. Echó a correr hacia la secadora. La programó para
tejidos delicados y se metió dentro con la facilidad del que se mete en
un coche. Intenté abrir la secadora, pero la puerta estaba bloqueada.
Todas las secadoras nuevas lo llevan. Hasta que no acaba el programa no
puedes abrirla. Me parece una prestación decente aunque ahora me jodía
un poco. También estaba la opción de desconectarla y abrir, pero lo
mismo la liaba al interrumpir el programa a medias.
Esperé mirando en el contenedor de discos baratos. De
entre 3 y 6 euros. Si lo piensas, esos contenedores están hechos para
grandes cantantes que decidieron emprender su carrera en solitario al
margen del grupo que les hizo famosos. Sting, Mick Jagger, John Lennon, Paul
Simon, Rod Stewart, Brandon Flowers, Richard Ashcroft, Justin Timberlake
y el de Café Quijano.
Al rato me acerqué y ya estaba acabando. Me di cuenta de
que mi herida en el torso ya no sangraba. Parecía estar curada hace
años. Era una buena cicatriz, pero ya no sangraba. Al abrir la secadora
me encontré un bebé recién nacido con una cicatriz en el cuello de
aspecto similar a la mía. El bebé estaba envuelto en sangre y junto a
él estaba el uniforme de Mediamarkt de Juan José limpio, seco y doblado.
En cuanto el bebé empezó a llorar la gente me miró. No sabía ni qué
hacer ni qué decir. Me lo eché encima para justificar el manchurrón de
sangre de mi camisa y empecé a pedir ayuda. Improvisé una trola de campeonato en plan: "he visto a una
chica dejarlo ahí dentro."
Vino el encargado y le encasqueté el bebé. Ya
no quería saber nada más del tema. Soy un tío de pueblo que
ni crea problemas ni los busca, así que no indagué como todos esos
gilipollas que se creen que pueden salvar el mundo y fui a la sección de
accesorios para móviles para buscar una funda del iphone, que era lo
que iba a comprar justo cuando me lo arrebataron a hostias hace dos
años.
En la caja estaba atendiendo alguien que me resultaba
familiar. Diría que fue el tío que me robó el móvil, pero creo que sería
demasiada coincidencia, además, ese día ya estaba demasiado saturado y no
pensaba con claridad. Llevaba un colgante de El Niño de Mula, algo muy garrulo para alguien que no está haciendo la comunión y tiene una tía con tan mala hostia que le ha regalado ese trozo de oro con forma de niño Jesús en vez de la puta videoconsola que llevaba meses pidiendo. Me miró la camisa y el iphone que sostenía. "Eres
el de la secadora, ¿no?" Asentí. "¿Y mañana qué día es?"
"Mañana es martes en todo el mundo". En realidad era domingo. Os lo juro por el niño de Mula que colgaba de su cuello.
No me cobró la funda, pero me pidió el número de cuenta
bancaria. Suerte que lo llevaba apuntado en el iphone. La verdad es que
no sé por qué se lo di. Me dejé llevar por la euforia de no pagar.
No sé qué pasó con Juan José, por qué razón apareció allí mi móvil y por qué me pidieron la cuenta bancaria, pero mi vida cambió con ello. Desde ese mismo día recibía cada mes 846 euros a nombre de Juan José en mi cuenta.
Por cierto, probé la tortilla antes de irme y no estaba mala, solo rara.


